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domingo, 27 de diciembre de 2015

Educando con valores, por Catalina López Zuluaga



Educando con valores




Cuando vemos grupos de niños en una fiesta de cumpleaños o en la escuela, frecuentemente algunos sueles destacar por algo que vas más allá del talento y la inteligencia, a todos nos encanta ese niño especial que saluda apropiadamente, el que comparte, el que no hace berrinches y el responsable, eso es porque podemos notar que el niño ha sido educado con valores.

Este tipo de educación nace en el entorno familiar, no podemos exigirle a los maestros que sean quienes se responsabilicen por ello, pues tienen a su cargo a más niños de los que pueden manejar, y a su vez los niños en dicho entorno no tienen un ejemplo claro a seguir, dejando que sean sus amigos quienes marquen los patrones.

Es en esos momentos cuando nuestros hijos empiezan a discernir entre el bien y el mal y tratan de forjar su propia personalidad, aquellos que tengan una base sólida en valores no sucumbirán a las malas tentaciones y serán personas de carácter más marcado, mientras que aquellos que no hayan sido educados con valores serán más propensos a saltarse las normas y a tener un comportamiento anarquista.

¿Cómo educar con valores a nuestros hijos?

Este tipo de educación debe comenzar desde la más temprana infancia, ya sea por medio del ejemplo o conduciendolos en cada situación por el camino correcto. Los niños deben comprender que los valores son algo de gran importancia, no se trata de seguir un juego.

Existen diferentes maneras de enseñar los valores, pero recomendamos que sea de manera seria, una cosa es ayudarse con herramientas infantiles como canciones y juegos para darles a entender el significado de la responsabilidad, la generosidad, el respeto, la honestidad y todos aquellos valores que queremos enseñarles, pero es muy diferente enseñarles cómo actuar en una situación en la que sean necesarios dichos valores.

Los padres que le dan gran importancia al comportamiento de sus hijos tienden a ser más observadores y saltan a la primera oportunidad que tengan para enseñarles a conducirse por el buen camino, y eso es estupendo, por ejemplo si observa que uno de sus hijos está haciendo un berrinche por la comida, puede actuar inmediatamente ya sea reprendiéndolo por su falta de respeto o por sus modales e inmediatamente darles el ejemplo correcto de cómo actuar, pidiendo por favor, dejando de llorar y gritar y esperando pacientemente.



La estrategia general es estar pendientes y no dejar pasar los malos comportamientos por más pequeños que parezcan en ese momento, puesto que aunque a nosotros nos parezca divertido que nuestra hija pequeña le pegue a su hermano mayor por tocar a su peluche favorito, estamos favoreciendo una conducta egoísta y hasta violenta, más tarde esa niña puede convertirse en una déspota poco humilde, lo mejor es reprenderla a tiempo y decirle que debe compartir con su hermano y que jamás debe pegarle a los demás, al mismo tiempo podemos aprovechar para decirle al niño que no debe tomar las cosas de otras personas sin su permiso.

Puedes incluso ponerlos a interactuar más profundamente el problema, ¿Qué tal si tu hermana te quita tu carrito preferido? ¿Te gustaría? O decirle a la niña ¿Te gustaría que te pegara cada vez que tomas mi celular? ¿O que nunca te lo prestara? Eso les dará que pensar y pronto, al ponerse en los zapatos de otro entenderán la importancia de tener un buen comportamiento.


Lo importante de cuando enseñamos con valores es explicar el porqué de cada cosa, si simplemente regañamos u obligamos a que se comporten de una u otra manera, no estamos sentando las bases para que puedan tomar una decisión correcta en el futuro.



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viernes, 2 de enero de 2015

El método no lo es todo



Recibo muchos mensajes de lectores que quieren usar programas de estimulación temprana con sus hijos, que se han informado y tienen muchas ganas de hacerlo bien. A veces me hacen preguntas muy específicas (especialmente sobre el Método Doman de lectura) como qué tipo de letra han de usar o cuántas palabras deben enseñarle al niño en cada sesión. Ese tipo de cosas son importantes -y por eso respondo a los correos y escribo en este blog- pero no son fundamentales.

Es decir, no obtendrás un "mal" resultado por enseñarle palabras de más o de menos, o por no hacerlo todos los días o no usar el tipo de letra adecuado. Lo primero que debemos recordar es que el objetivo nunca es que aprendan tal o cual cosa, como aprender  a leer o saber las capitales del mundo, sino que el objetivo es crear una red de conexiones neuronales. Cuantas más conexiones, mejor. Cuanto más fuerte sea cada conexión, mejor aún.



Así que lo más importante es ser constantes, dedicar tiempo a los niños, servirles de ejemplo (hemos de ser coherentes entre lo que tratamos de enseñarles y lo que nosotros mismos hacemos y decimos). Y, cómo no, debemos darles mucho afecto. Sabemos que el aprendizaje está ligado a las emociones (la neurociencia lo demuestra) así que tal vez debamos prestar un poco menos de atención a las instrucciones del método que hayamos elegido y prestar más atención al niño.




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lunes, 29 de septiembre de 2014

Cómo tratar a un niño con respeto (2)




Cómo tratar a un niño con respeto es uno de los posts más leídos de Tarkus Kids y también uno de los que más comentarios han generado. Por su interés, y porque poner en práctica estos consejos puede cambiar el presente y el futuro de tu familia, hoy compartimos otros 6 tips para tratar a los niños con respeto.



1) Predica con el ejemplo. No se trata sólo de respetar a tus hijos y a los niños que estén en tu entorno pues el respeto empeiza por uno mismo. Respétate a ti mismo y a los demás, incluyendo a los niños. Así ellos aprenderán ese comportamiento no porque se lo expliques sino porque lo vean.

2) Usa las palabras mágicas. Di "gracias", "por favor" y "perdón". Probablemente la última es la más difícil cuando se trata de niños. Muy pocas veces se puede escuchar a un adulto pedirle perdón a un niño. ¿Es humillante? ¿Es rebajarse? En absoluto, es mostrarle que nosotros también nos equivocamos y que ellos merecen el respeto de que se les pida perdón cuando nos hemos equivocado.

3) Abrázales. El contacto físico es muy importante para el desarrollo de los niños. Abrázales, tómales de la mano, siéntalos en tu regazo, duerme con ellos. Nunca apartes a un niño cuando se acerque a ti buscando contacto.

4) Aprecia sus intereses. A menudo los adultos tenemos una idea preconcebida de cuáles son los intereses "válidos" o deseables. A menudo los intereses de nuestros hijos no coinciden con los que nosotros valoramos o los que teníamos pensados para ellos. Eso no significa que ellos se estén equivocando. O sí. Pero en todo caso es su error y es necesario para su proceso de aprendizaje.

5) Usa un lenguaje positivo. Siempre que te sea posible, di que sí o contesta de una forma positiva.

6) Respeta su privacidad. El respeto no consiste sólo en valorar sus intereses y en ser amables con ellos. Su privacidad es importante para que desarrollen un buen concepto de si mismos. Dependiendo de la edad y madurez del niño y de las características de cada familia, el concepto de privacidad será más o menos amplio. Sea cual sea, no traspases los límites que entre todos decidáis.



¿Tienes más ideas sobre cómo tratar a un niño con respeto? Deja un comentario en el blog, en Facebook o en Twitter o escríbeme a lau@tarkuskids.com


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miércoles, 2 de abril de 2014

Cómo tratar a un niño con respeto


La mejor manera de enseñarle algo a un niño es a través del ejemplo. Una de las mejores cosas que podemos enseñarles es a comportarse con los demás cómo les gustaría que los trataran a ellos. Si queremos que nuestros hijos sean respetuosos con la gente (incluida, por supuesto, su propia familia) lo primero que debemos hacer es tratarles a ellos con respeto. Aquí van algunos tips:

Mírales a los ojos cuando les hables. Parece obvio, pero muchas veces no lo hacemos. A veces hablamos con ellos pero estamos haciendo otras cosas al mismo tiempo. Pero en la comunicación la palabra no lo es todo. Trata de mirar a la gente a los ojos cuando les hables. A tus hijos también.

Ponte a su nivel. Cuando hables con ellos, y para que te resulte más fácil mirarles a los ojos, ponte a su nivel. Agáchate o siéntate para quedar a su altura. Hablar de pie con un niño que mide menos de la mitad que tú denota una posición de poder sobre él y puede intimidarle.

Adapta tu lenguaje. Los niños son inteligentes, pero eso no significa que puedan entenderlo todo. Recuerda que el mensaje que tú envías y el mensaje que ellos reciben no siempre coinciden. No hables para desahogarte, habla para que te entiendan.

Dales opciones. En la vida siempre hay opciones, también para los niños. Incluso cuando parece que no hay ninguna opción. Sé creativo, con la práctica crearás el hábito y algún día te resultará increíble que alguna vez dijeras "no queda otra opción".

Dales voz y voto. De acuerdo que los adultos somos responsables de los niños y que hay cosas que nos toca decidir a nosotros. Pero muchas veces decidimos porque es más cómodo, más rápido, más práctico para nosotros. Así no les enseñamos nada que valga la pena. Sólo les enseñamos que hay una figura de autoridad que se impone, que hoy es su madre pero mañana será su esposo, su jefe o cualquier otra persona que aparezca en sus vidas. Permíteles expresarse, asume que su opinión puede ser diferente a la tuya (y no por eso peor ni errónea).

Ámales como son. A veces lo más difícil para los padres es asumir que sus hijos no son como ellos, pero las diferencias no tienen por qué separaros. Al contrario, añaden diversidad a la familia y seguro que puedes aprender algo de ellos.




Lee también Cómo tratar a un niño con respeto (2)

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miércoles, 19 de marzo de 2014

Lecciones de cine: Las aventuras del Sr. Peabody y Sherman




Fui al cine en blanco. Quiero decir que no tenía ni idea de qué iba la película. Mi hijo quería verla y eso era suficiente. Creo que vi el tráiler una vez, pero no recordaba prácticamente nada. De entrada, parecía un poco extraño eso de que un niño humano sea adoptado por un perro. Pero al final todo tuvo sentido.

Nadie quería adoptar al Sr. Peabody (el perro) porque era demasiado inteligente y aburrido. Prefería leer libros a correr para coger el palito. Al final, tras muchos logros (varios inventos, un premio Nobel y no sé cuántas cosas más) consigue que le den un niño en adopción. Uno de sus inventos es el "vuelta atrás", una máquina del tiempo que utiliza para que Sherman (el niño) aprenda historia sobre el terreno. Las lecciones que nos deja esta película son a menudo obvias, pero se nos pueden pasar por alto entre la cantidad de aventuras que suceden.

La primera lección es que la obediencia es mala, pero la imprudencia también. Sherman es un niño obediente; es tan obediente que los niños se burlan de él diciéndole que es un perro. El contrapunto lo pone Penny, la archienemiga de Sherman, que lo meterá en un lío importante (sin lío no hay película) y que acabará siendo su mejor amiga. Penny es la antítesis de Sherman: es desobediente hasta cruzar la línea de la imprudencia y nunca tiene en consideración las posibles consecuencias de sus actos.

La segunda lección es que el conocimiento es poder. En ocasiones incluso puede salvarte la vida, literalmente, siempre que seas capaz de aplicar tus conocimientos a la vida real.

La tercera lección es que los niños quieren y pueden aprender cualquier cosa que se les presente de forma honesta. Es algo que tienen claro los lectores de este blog y que Glenn Doman repetía hasta la saciedad.

La cuarta lección es el efecto Pigmalión y la indefensión aprendida. El Sr. Peabody no permite que Sherman pilote el Vuelta Atrás. Pero cuando sus vidas corren peligro real, sólo hace falta que le diga "tú puedes" para que Sherman lo haga y descubra que sí sabía.

Finalmente se revela que Sherman sí es como un perro, pero no por su obediencia sino por su fidelidad y su amor incondicional.




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miércoles, 3 de julio de 2013

Yo puedo - por Deanna Q




Deanna Q es autora del blog Más Allá de Q, sobre desarrollo personal, profesional y espiritual a través de la ciencia ficción. Pueden seguirla a través de twitter.com/MasAllaDeQ y de facebook.com/masalladeq


Decía el Principito que los adultos no entienden nada y que es muy pesado para los niños tener que estar explicándoles todas las cosas repetidamente. Tenía razón porque la mayoría de los adultos han olvidado que ellos también fueron niños una vez y que tuvieron otra forma de ver las cosas. Eso fue antes de que sus mentes fueran moldeadas por el resto del mundo, antes de que se cortaran sus alas, después de haber recibido demasiados "no" por respuesta.

Las palabras más poderosas que un niño puede aprender son éstas: "YO PUEDO". Estas palabras sólo las aprenderán (y las aprehenderán) si sus padres se las repiten muchas veces y con total sinceridad. Los niños nacen con confianza ciega en sus padres y creen todo lo que ellos les dicen. Eso es un poder muy grande de parte de los padres, y de ellos depende que el resultado logrado sea positivo o negativo.

A veces lo único que los niños necesitan es que les dejen en paz. A veces ellos saben mejor que los adultos cómo han de ser las cosas pero tienen que creer en si mismos para poder hacerlo. Necesitan que se les permita romper las normas de vez en cuando o que haya menos normas para romper y más espacio para innovar. 

Si usted tiene hijos y lee libros de crianza y de pedagogía, eso está muy bien, pero no pierda de vista esto: en los lugares más insospechados puede encontrar las lecciones más valiosas. En mi blog extraigo lecciones de la ciencia ficción. Uno de los libros que más puede ayudarles en la crianza de sus hijos es "El juego de Ender". Él dice, por ejemplo esto: "algunas veces los soldados pueden tomar decisiones más inteligentes que las órdenes que han recibido". Podemos perfectamente cambiar "soldados" por "niños" y la afirmación continúa siendo válida.

Recuerde que para que su hijo pueda decir con convicción "YO PUEDO" necesita haber practicado mucho; necesita haber creído mucho; necesita haber podido mucho. Su labor, en ocasiones, consistirá únicamente en quitarse de enmedio y dejarle ser.




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martes, 18 de junio de 2013

"Cállate" - me explicó



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Sabemos la importancia que tiene la palabra pronunciada, sobre todo si es dirigida a los niños. Queremos que ellos sean empáticos pero ¿lo somos nosotros con ellos? A veces nuestras "cosas de adultas" nos impiden ver las cosas con su mirada infantil, desde su perspectiva, y los tratamos como si también fueran adultos o incluso como si fueran una molestia. Los niños comprenden mucho más de lo que decimos, van más allá de la literalidad de nuestras palabras.

Hay una escena en uno de los libros del escritor americano Ring Lardner que lo ilustra perfectamente:

"-¿Te perdiste, papá? - le pregunté cariñosamente.
-Cállate - me explicó"

El uso del verbo "explicar" es claramente intencional, viene a decirnos que el padre comunicó mucho más de lo que un simple "cállate" parece comunicar si lo tomamos literalmente. En realidad el mensaje era mucho más largo y mucho más profundo. Estaba transmitiendo la angustia por haberse perdido, tal vez la molestia que la pregunta directa del niño le causaba, tal vez la incomodidad de saberse perdido y de no haberselo sabido esconder a su hijo.




En cada "cállate", en cada "ahora no", en cada callada por respuesta hay un mensaje que llega directo al corazón del niño y deja huella ahí. Pero se lo podemos explicar. Podemos pedirles disculpas y podemos explicarles que a veces gritamos no porque estemos enfadados sino porque nos hemos asustado (¿quién no ha gritado alguna vez cuando ha visto al niño a punto de cruzar la calle transitada?) y podemos explicarles que a veces estamos como ausentes porque tenemos que ocuparnos de asuntos delicados e importantes que tal vez nos angustian. Los niños merecen saber que también nosotros somos humanos y que tenemos nuestros fallos y debilidades. Y a los niños les viene muy bien tener estas conversaciones sinceras con nosotras, pues así les resultará mucho más sencillo reconocer sus propias debilidades y fallos a medida que vayan creciendo. Y, por supuesto, esto va a desarrollar su capacidad de empatía como pocas cosas lo harán.

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Otros artículos de desarrollo personal para niños:

Tablero de los sueños para niños

La palabra pronunciada

La ley de la atracción y los niños


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miércoles, 12 de junio de 2013

La palabra pronunciada



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Solemos decir que los niños hacen lo que ven y no lo que les decimos. Eso es cierto, aprenden sobre todo por imitación. Sin embargo, no hemos de subestimar el poder de la palabra, que es muy grande. Influimos en los niños cada vez que les elogiamos y cada vez que les criticamos. Programamos su pensamiento y condicionamos su sistema de creencias cada vez que les ponemos una etiqueta, aunque lo hagamos con la mejor de nuestras intenciones. Sobre esto, Alfie Kohn tiene un excelente (y polémico) artículo titulado "Cinco razones para dejar de decir 'muy bien'".


Hay un proverbio oriental muy cierto que dice "hay tres cosas que nunca vuelven atrás: la palabra pronunciada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida". Bien, nosotros no lanzamos flechas (sólo metafóricamente) pero sobre la palabra pronunciada sí tenemos el control, así que pensemos bien qué decimos y cómo lo decimos, sobre todo a nuestros hijos.

Una de las palabras que más limita a los niños es "no". Hagamos una prueba: durante una semana, intenta decir que "sí" cada vez que tu hijo te pregunte o te pida algo. ¿Cómo hacerlo? Muy fácil, busca siempre una respuesta positiva con la que los dos salgáis ganando. Por ejemplo, si te pide que le compres un juguete y por algún motivo no puedes o no quieres comprarlo, proponle una de estas opciones: buscar la forma de conseguir el dinero necesario para comprarlo; ponerlo en la lista de los Reyes Magos o del cumpleaños; ponerlo en la lista de "cosas para otro día". Si quiere ir a algún lugar, dile que sí, que en cuanto termines lo que estás haciendo iréis, o que el domingo iréis, o que iréis cuando ___________ (pon aquí lo que quieras, pero pone algo concreto).


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Os invito a leer también mi artículo La ley de la atracción y los niños publicado el pasado lunes en la web CreaTuRealidad.com.



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miércoles, 5 de junio de 2013

Tablero de los sueños para niños






Si conoces algo de la ley de la atracción ya sabrás lo que es un "Vision board", un "tablero de los sueños" o "tablero de los deseos". Se trata de una poderosa herramienta para ayudarte a manifestar en la realidad todo aquello que seas capaz de visualizar, todo aquello que desees. Sirve para canalizar tus deseos hacia lo que realmente quieres lograr, hace que te enfoques en eso y no disperses tu atención y tu energía hacia otras cosas.



Hoy te invito a que aydes a tus hijos a crear su propio tablero de los sueños; podéis pasar un rato divertido, conocerás mejor a tus hijos y les ayudarás a verbalizar lo que anhelan.

¿Cómo se hace un tablero de los sueños?

  • Se pueden usar diferentes soportes: desde una simple cartulina a un tablón de corcho o madera o sencillamente pegando las imágenes sobre la pared.

  • Hay que elegir imágenes que representen las cosas deseadas de la forma más fiel posible. Por ejemplo, si quieren conseguir un juguete determinado, hay que conseguir una imagen de ese juguete concreto, no de uno parecido. También pueden dibujarlo ellos mismos, la creatividad es un elemento esencial de la visualización.

  • No hay límite para el número de cosas que pueden añadirse ni para el tipo de deseos que se tengan. Y, aunque les ayudemos, debemos tener en cuenta que se trata de SU tablero y de SUS deseos, no de nuestros deseos para ellos.

Si quieres leer testimonios reales de éxitos logrados mediante el tablero de los sueños, te invito a que visites el blog de mi amiga Eliana, Creaturealidad.com.


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miércoles, 29 de mayo de 2013

La caja de los días de lluvia




Hace un par de años este blog perdió muchas cosas. Se perdieron los materiales descargables del Método Doman, ser perdió la sección de crianza y se perdieron, misteriosamente, algunos artículos. Entre ellos, uno que me gustaba especialmente y que se titulaba "La caja de los días de lluvia".

No he podido recuperarlo (si alguien lo copió en su blog, por favor que nos lo mande a lau@tarkuskids.com. Gracias.) Pero como la idea bien valía la pena, os la vuelvo a contar.



En su libro "El encanto cotidiano" Sarah Ban Breathnach nos regala mútliples trucos, citas, recetas y pensamientos para ayudarnos a descubrir lo maravilloso de la vida en lo cotidiano. Uno de sus recursos me pareció absolutamente aplicable a la vida con niños y así lo hice con éxito. Ella propone que tengamos un "armario de los días de lluvia" donde guardemos cosas con las que entretenernos en los días lluviosos en los que no queremos o no podemos salir de casa y sería fácil que el tedio nos conquistara.

Bien, ese armario en mi caso se ha convertido en la "caja de los días de lluvia". Puede ser divertido que los niños te ayuden a prepararla, pero también puede ser que prefieran que la prepares tú porque el factor sorpresa es un plus añadido. Abrir la caja en un día de lluvia y no saber lo que contiene le añade emoción a la actividad.



Entonces ¿qué contiene la caja de los días de lluvia? ¡Todo lo que se te ocurra! Lo mejor es ir cambiando el contenido de vez en cuando. Aquí van algunas ideas:

-una película clásica para ver en familia (propongo "El mago de Oz" con Judy Garland, "Mary Poppins", "Charlie y la fábrica de chocolate", "Señora Doubtfire", "Los Goonies", "La historia interminable", "Regreso al futuro")

-un libro para leer (tal vez alguno de Julio Verne o Emilio Salgari) o para hacer actividades (¿adivinanzas, tal vez?)

-pasta de modelar

-un puzzle

-una receta de algo delicioso que os guste pero que no cocinéis ni comáis habitualmente (un pastel o alguna pasta, por ejemplo)

-una chaqueta impermeable y unas botas de agua para salir a pisar charcos

-algun tipo de pintura que no utilicéis de forma habitual (tal vez acuarela o pastel)

-un juego de mesa (cartas, Monopoly, mastermind, etc)

-un diario donde ir anotando todo lo que se hace en los días de lluvia



Si tenéis otras ideas sobre qué poner en la caja de los días de lluvia, os invito a que las compartáis en vuestros comentarios. Gracias.





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jueves, 11 de abril de 2013

Entrevista a la psicóloga Rosa Jové


[Nota: esta entrevista fue realizada y publicada en Tarkus Kids en mayo de 2010. Por algún motivo, esa entrada desapareció, por lo que la reproduzco a continuación.]



Rosa Jové estuvo en Menorca dando una charla sobre crianza. La afortunada reportera que la entrevistó para la revista local fue una servidora. Compartimos un desayuno (aunque ella desayunó más bien poco porque la tuve toda la hora hablando…). Después, se cerró el aeropuerto debido a la ceniza del famoso volcán islandés, así que tuvo tiempo de leerse mi libro completito. Un honor para mí, obviously.

Estoy convencida de que para la mayoría de los lectores de Tarkus Kids, Rosa Jové no necesita presentación. Para los demás, diré que es licenciada en Psicología y en Historia y Geografía y que está especializada en psicología clínica infantil y juvenil, en psicopedagogía y antropología de la crianza. Es especialmente conocida por su libro “Dormir sin lágrimas” y por sus artículos sobre crianza respetuosa. Además –sobretodo- es madre de dos hijos, así que la primera pregunta es obligada:

¿Qué fue primero, la maternidad o el interés profesional por la crianza? 

Trabajo con niños desde 1982 y fui madre en 1997, así que ya llevaba bastantes años –casi veinte- dedicada a los niños y tenía interés por la crianza. Pero he de reconocer que cambié mucho cuando fui madre. Hubo un cambio cualitativo más que cuantitativo. Hice una especie de reset en muchas cosas, eso es verdad. Siempre había sido muy respetuosa con los niños con los que trabajaba, pero sí que cambié cuando fui madre.

Estamos perdiendo el sentido de comunidad, la “tribu”. Las familias cada vez son más pequeñas, criamos a los niños en soledad… ¿Qué nos está pasando?

Antes las madres tenían unas redes sociales muy importantes. Yo, por ejemplo, era la mayor de una familia numerosa y, en aquella época, eran muchas las familias numerosas. La gente casi miraba raro a los hijos únicos. Entonces, ¿por qué pienso que mi madre pudo tener una familia numerosa? Porque en casa había tres mujeres para cuidarnos: mi madre, mi abuela y una tía que era soltera. Además, había relación con las vecinas pero, ahora, en las ciudades, esto es imposible. En pueblos pequeños todavía se puede, pero en ciudades es impensable. A veces, una madre, aún teniendo a su madre en la misma ciudad, puede que la tenga a hora y media de metro, que no la tenga al lado. Y, a veces, las madres viven en un bloque de pisos donde no conocen a la mayoría de sus vecinos o, si los conocen, quizás ellos no están criando, o no hay suficiente confianza como para dejarles a los niños. Esto es un obstáculo importante a la hora de criar, pero aún hay otro: ahora los niños están mal vistos en casi todos los sitios. Cuando yo era pequeña, todos los niños íbamos a misa, y nos divertíamos pasándonos los misales. Ahora, entras en una tienda con un niño y es muy posible que la dependienta te mire mal, como pensando “a ver ahora éste qué va a hacer”. ¡Hay bodas a las que ni siquiera invitan a los niños! Entonces, la madre se encuentra en la situación de tener que buscar a alguien que le cuide al niño o no puede ir a la boda porque lo tiene ella.

¿Es tal vez por eso que hemos llegado a confiar más en los profesionales de la crianza (pediatras, psicólogos, etc) que en nuestras propias madres o en nuestro instinto?

Sí, cuando te encuentras sola, a veces pierdes la seguridad en ti misma y, muchas veces, el profesional es la única persona cercana a la madre que entiende de crianza.

En estas circunstancias, ¿cómo podemos conciliar la vida familiar con la laboral?

¡Yo tengo el secreto de la conciliación!

Cuéntamelo…

La conciliación de la vida laboral y familiar es una ley que tiene un nombre muy largo pero muy poco contenido. En los países escandinavos hay dos años de baja maternal. Aquí dicen que no hay dinero para eso y se ponen a construir más guarderías. La guardería es un mal menor, atenta contra la salud de los niños, porque muchos se ponen enfermos y, si se quedaran en casa, eso no pasaría tanto. Pero, claro, muchas madres quieren ir a trabajar. ¿Cómo lo arreglamos? El otro día calculé cuánto cuesta una plaza de guardería por niño al mes. Hay que contar el personal, los materiales, la luz, la calefacción, etc, pero también el edificio. Cada plaza sale por una media de 2000 euros al mes. Creo que el Estado debería darles a las madres un cheque de 1500.-€ al mes por cada niño y que cada madre pudiera decidir si se lo gasta en la guardería, en una canguro o si le compensa dejar de trabajar para cuidarlo ella. Eso sí, todas las guarderías deberían tener una “tarifa plana” de 1500 euros. Así se gastaría lo mismo que se está gastando ahora pero las madres tendrían más opciones.

El otro día leía que una de las ventajas de la crisis económica es que las familias ya no tienen el dinero necesario para pagar guarderías y, en cambio, tienen el tiempo disponible para cuidar a los hijos en casa.

Exacto. Esto, junto con lo que hacen los países nórdicos que, si una madre se presenta a un proceso de selección laboral se le equiparan los años de antigüedad, haría que todo fuera más fácil.

¿La conciliación también pasa por un cambio de chip de las madres?

Sí, aunque la madre siempre tiene el derecho de elegir.

¿No te parece que cada vez hay más madres desnaturalizadas, que actúan en función del “qué dirán” en vez de hacer lo que sienten que es correcto?

Muchas veces reproducen el estilo de crianza que ellas mismas recibieron. Hace una treintena de años, dejar llorar a los niños era algo bastante normal. Creo que hubo un momento, a partir de los años 60, en que empezó a haber este tipo de ideas y, claro, las madres de hoy son las que fueron criadas así.

Sí, nosotras somos la generación del biberón, el chupete y la cuna…

Muchas veces me encuentro con madres que dicen: “mi madre me pegaba y no he salido tan mal”. ¡Ah, pero no saben cómo habrían salido si las hubieran tratado de otra manera! Por eso hay madres que no saben responder a las necesidades del niño, porque sus propias necesidades no fueron cubiertas en su día. Algunas han hecho el proceso y han cambiado, pero otras, no.

Una vez vino a mi consulta un matrimonio con un hijo adolescente con un ”currículum”… Yo siempre digo que no hay adolescentes malos, pero éste rayaba la línea: pegaba en la escuela, en casa, etc. El padre decía: “no sé cómo nos ha salido así, porque no le hemos dejado pasar ni una”. Le habían pegado con zapatillas, cinturones, etc., le habían castigado… Y no entendía cómo les había “salido así”. Bueno, yo lo puedo imaginar… Y ellos lo habían tratado así pensando que era por su bien.

Con esta falta de tribu y buscando consejo en los profesionales, la crianza ha llegado a internet. ¿Es bueno, malo o depende?

Yo creo que, en general, es más bueno que malo. Lo que pasa es que hay que enseñar a la gente a tener criterio cuando entra en internet. Hay foros que los montan los medios de comunicación, por ejemplo. Tienes que ver dónde te metes. A lo mejor un medio de comunicación puede montar un buen foro de política, pero de crianza quizás no. Sin embargo, aunque el foro sea malo, la gente deja mensajes contradictorios y, al menos, puedes darte cuenta de que hay más gente. Así, a veces, la gente empieza a buscar y encuentra otras cosas.

Si pudieras darle únicamente un consejo a una madre primeriza, ¿cuál sería?

Amor. Ya lo dijo San Juan: “ama y haz lo que quieras”. ¿Por qué mi marido y yo llevamos tantos años juntos? Por amor. No hay más.

Pero la gente sigue buscando métodos, quieren saber qué hacer exactamente en cada momento…

Cierto, pero la gente se tiene que acostumbrar a que en las relaciones humanas no hay métodos. Si los hubiera, los psicólogos no existiríamos. Habría máquinas donde introducirías el tipo de problema y saldría la respuesta. Las personas son diferentes: lo que sirve para una puede no servir para otra. Hay gente que se agobia mucho y necesita que le des rutinas porque, siguiéndolas, tendrá la sensación de estar haciendo lo correcto y se tranquilizará. Pero a una persona más meticulosa no le des rutinas, porque le dará un ataque el día que se pase 5 minutos de la hora. Es exactamente igual que enseñar a los niños. El mismo método no te sirve para enseñar lo mismo a dos niños distintos. Tenemos que acostumbrarnos a que hay cosas que no pueden enseñarse con métodos. Y aquí está lo bonito de la crianza: que no somos robots.

¿Estamos aprendiendo? ¿Cómo ves la crianza una generación más adelante?

Creo que vamos por el buen camino. Llegó un momento, en los años noventa, que tocamos fondo, pero ahora volvemos a remontar. Las tasas de lactancia están aumentando año tras año. Esto es un hecho significativo.

¿Qué se le dice, por ejemplo, a una madre que cree que dar el pecho todo el día es malo, no ya para el bebé, sino para la propia madre?

Que está equivocada. Debería tener un buen pediatra que le dijera que lo de las tres horas pasó a la historia hace años… Pero, claro, si el pediatra le sigue diciendo lo de las tres horas, la pobre mujer se va a desesperar. Yo llevaba a mis hijos todo el día en la mochila: el niño podía mamar cuando quería, pero no se veía ni el bebé ni el pecho.

Aquí no se ven muchos portabebés…

En las ciudades cada vez se ven más, por un simple motivo de comodidad porque, si vas en metro o en bus, con el carrito no puedes. En la ciudad te tienes que espabilar sola y, si usas una bandolera, vas mucho más cómoda porque no ocupa espacio y te deja las dos manos libres. Por eso mucha gente la usa aunque no tenga este estilo de crianza.

¿Qué nos pasa con la comida, que nos da tantos problemas? Ponemos normas a los niños y, después, cuando son adolescentes, tienen trastornos de alimentación, obesidad, etc. ¿No tendrá algo que ver?

Claro que sí. Yo siempre digo que, mientras las gente siga criando de esta forma, a mi no me va a faltar el trabajo. De mis pacientes, puedo decir que, los que traen a los niños cuando son pequeños, un alto porcentaje tiene un estilo de crianza más respetuosa con el niño: los traen en bandoleras, quieren que duerma sin dejarlo llorar, hacen consultas sobre lactancia, etc. Pero los que los traen cuando son adolescentes, son precisamente los otros.

¿Podemos hablar de niños ferberizados, estivillizados y compañía? ¿Qué pasa con estos niños cuando crecen?

Según los estudios, hay aproximadamente un 20% de niños que no tendrán ningún trauma porque se les haya aplicado este tipo de método. Y un 80% que sí. Ése 20% existe. Lo que nosotros hemos podido demostrar es que va en función de la edad. Estivill dice que el método no ha de aplicarse antes de los 7 meses de edad ni después de los cinco años. Cuanto más pequeño es el niño, más posibilidades tiene de traumatizarse. En cambio, si coges a un niño de cinco años y le dices que tiene que quedarse sólo en la habitación y dormirse, el niño llorará pero no pasará miedo. Sin miedo, no se desencadena el mecanismo neuronal que haría que se traumatizara. Por eso, este tipo de métodos indica que, después de los cinco años, no funciona. Y no funciona porque el niño ya no tiene miedo. Seguro que no le gusta estar sólo en la habitación, pero es posible que no le de miedo. Es como si intentaras aplicarle el método a un adolescente. No funcionaría, porque no tendría miedo. Otro factor determinante de futuras secuelas, además de la edad (relacionada con el miedo), es el pack que lo acompaña. Normalmente, la gente que compra este tipo de libros, también compra otros con títulos como “Espera”, “Aguantate”, “No lo toques, no lo abraces”, “Llévalo a la guarde a los 4 meses”, etc. Por eso, cuando llegan a consulta, no es que tengamos que desmontar el método Estivill, es que tenemos que desmontar el pack entero. En cambio, hay madres que han aplicado el método pero que han tratado al niño con respeto y con amor.

Por tanto, ¿el método Estivill tiene secuelas? Sí. ¿Siempre? No. Y la gradación va en función de la edad de aplicación y del pack que lo acompaña. Creo que es importante realizar esta puntualización.

Si hemos aplicado el método Estivill y nos arrepentimos, ¿cómo podemos llevarnos al niño a la cama familiar?

Pues llevándolo.

Pero, si ahora duerme sólo, ¿cómo sabemos si está durmiendo bien o si está traumatizado?

Si se ha hecho y ha funcionado, hay que observar al niño cuando va a acostarse. Si el niño está contento y tranquilo –y eso ningún profesional lo puede ver mejor que una madre- entonces es que duerme bien y será suficiente con “compensarlo” durante el día con mucho amor y dedicación. Ahora bien, si ese niño, cuando llega la hora de acostarse, empieza a estar inquieto, a sentirse mal, etc, entonces es que no duerme bien. Si no funciona, cambia. Llévatelo a la cama familiar.

Hablemos de la tele. Parece que hay una especie de movimiento anti-tele…

Yo estoy en contra de ese movimiento contra la tele, las máquinas y las pantallas. Yo paso ocho horas al día delante de un ordenador, ¿y qué? La tele, el ordenador, la Play, etc no son malos en si mismos. Lo que puede ser perjudicial son los juegos que hay dentro, el contenido. Jugar a un Brain Training o a un juego para aprender inglés me parece perfecto En cambio, jugar a matar ancianas o a atropellarlas con un coche, eso ya no me parece bien. Lo malo no es la tecnología, sino el uso que hacemos de ella. Hay que buscarles juegos adecuados y estar con ellos. Acompañarles, ver qué hacen, a qué juegan, qué se descargan por internet, etc.

Ahora, en el sistema educativo se quiere poner un ordenador para cada niño, por lo que estarán seis horas diarias delante de la pantalla. Y ahora hay madres que se quejan porque están tres horas jugando a la Play o viendo la tele. Hay que tener en cuenta que un niño “enganchado” debe ser, necesariamente, mayor de 5 o 6 años. Antes no se enganchan. Quizás algunos dibujos les llamen mucho la atención, pero ningún niño de menos de 5 años pasaría cuatro horas seguidas viendo a Pocoyó. En cuanto a los niños de 5 años en adelante, hay que tener varias cosas en cuenta: si va al cole, más o menos de 9 a 5 no estará delante de la tele. Si llega a casa, merienda y hace los deberes, antes de las 6 o las 7 tampoco verá la tele. Si además, es hijo único, no tiene hermanos con los que jugar y tampoco puede bajar al parque porque vive en una ciudad, ¿qué podemos pretender que haga? Pues mirará la tele o jugará a las maquinitas durante tres horas porque es el tiempo que tiene disponible. Además, muchas veces la madre ve más horas la tele que el niño y no considera que ella esté enganchada. Para mí, un niño enganchado es aquel que deja de hacer otras cosas por estar delante de la pantalla; que no va con sus amigos cuando éstos van a buscarle, que dice que no a cualquier plan que se le proponga. Y de ésos, todavía no he visto a ninguno. Otra cosa es que le propongas ir a casa de la abuela y te diga que no, pero eso quizás sea porque el ordenador es más bonito y agradable que la casa de la abuela. Pero si le ofreces algo bueno y dice que sí, entonces no está enganchado. Si se está aburriendo y no tiene nada mejor que hacer, entonces las máquinas y las pantallas me parecen bien, siempre que los contenidos sean adecuados y no deje de hacer otras cosas. Obviamente, entre hacer deberes y jugar a la Play, elegirá la Play.

Decías que hay que darles a los niños modelos, valores y normas. ¿No sería más adecuado sustituir las normas por principios? Es decir, en vez de poner una norma que diga que cada día comemos una pieza de fruta, usar el principio de que comemos alimentos saludables para mantener nuestra salud, por ejemplo.

Los principios los incluyo en los valores. Por ejemplo, la honradez es un principio o valor. Cuando hablo de normas, me refiero a la convivencia. Es decir, los niños han de ir atados en el coche porque si no, nos parará la guardia urbana. Esto es una norma y le tenemos que explicar al niño que no la hemos puesto porque sí, sino que es una norma social. Las normas son aquellas sobre las que no tienes elección y, por eso, se las tienes que explicar. Aparte, hay otra serie de normas que funcionan en casa. Por ejemplo, en mi casa, ni se grita ni se insulta. Es una norma de convivencia.

Claro, ésta es una norma que se fundamenta en un valor o en un principio, pero luego hay otras normas que muchas familias establecen arbitrariamente, como que sólo se comen chuches los sábados, por ejemplo. ¿Cómo puede un niño de tres años distinguir un sábado de un miércoles? ¿Cómo va a comprender que un día puede y otro no?

Las familias tienen derecho a establecer este tipo de normas, pero deben ponerlas a partir de los dos años de edad. Con un niño más pequeño, sencillamente, lo que no quieras que haga, intenta que no lo vea. Si no quieres que juegue con cuchillos, no los dejes a la vista. Si no quieres que coma chuches, no se las pongas delante. Si no quieres que rompa la vajilla de cristal, tenla guardada donde no la vea. A partir de los dos años, como tienen más capacidad de razonamiento y de lenguaje, se lo puedes explicar. Cada cosa a su tiempo. Por ejemplo, mis hijos entienden que los cromos sólo se compran el día que vamos al quiosco, que es el domingo, porque los otros días no gastamos el dinero en cromos. Detrás de esta norma tenemos el principio de aprender a administrar el dinero.

Háblame de los castigos y las consecuencias.

¿Castigos? A mí no me gusta castigar a nadie. Yo no castigo a mis secretarias, ni a mi marido, ni a mi hermana. No castigo a nadie, ¿por qué iba a castigar a mis hijos? Entiendo que si un niño tira las cáscaras de las pipas al suelo, se las hagas recoger, porque es la consecuencia natural: si ensuciamos, limpiamos. Eso no es un castigo.

¿Se aprende a distinguir las consecuencias de los castigos?

En ese momento, pienso que pasaría si eso pasara con mi marido. ¿Sería un comportamiento aceptable?

Por último (por falta de tiempo, que no de ganas) recomiéndanos tres libros de crianza que no sean tuyos.


Todos los de Carlos González; éstos, los primeros. Coge cualquiera de ellos, que todos son buenos.


Me gustaría recomendar alguno de lactancia materna por la importancia del tema, porque creo que es bueno que la gente empiece a hacerlo. Hay un libro de la Asociación Española de Pediatría, el Manual nº5, que es un monográfico sobre lactancia materna.

También el de "Cómo hablar para que los hijos escuchen y cómo escuchar para que los hijos hablen", de Adele Faber y Elaine Mazlish.
Y, a parte, en mi libro Crianza Feliz hay libros recomendados en cada capítulo y todos están muy bien.

Desde aquí, le agradezco a Rosa el tiempo y la atención que me dedicó; y a Nuria y a Úrsula por haberla elegido a ella para dar la charla a los padres de alumnos.






Esta entrada aparece primero en Tarkus Kids

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Carnaval de blogs: casas aptas para niños


Llega la VI edición del Carnaval de blogs de educación consciente y crianza respetuosa. En esta ocasión, vamos a hablar de las casas. ¿Están adaptadas a las medidas de los niños? ¿Hemos quitado todo lo que pudiera suponer un peligro para ellos? ¿Tienen un espacio propio?

Cuéntanos cómo has adaptado tu casa a los niños o si consideras que no es necesarios. Y, si tienes fotos, ¡mejor que mejor!


Enviad vuestras entradas a tarkuskids(arroba)gmail(punto)com antes del próximo miércoles 22.12.2010



lunes, 15 de noviembre de 2010

Consejos para una crianza consciente - V edición del carnaval de blogs de educación consciente y crianza respetuosa


En esta edición del carnaval de blogs, hablamos sobre consejos.

Han participado:
Miriam, desde Besos y brazos, con Consejos, consejos, consejos.

Vanessa, desde ImaGINARTE siempre, con Los consejos de crianza que me hubiera gustado recibir.
Cristina, desde Despertar en la luz, con El corazón guía a los niños.

Violeta, desde Criar creando, con ¿Qué hacer con aquello que hicieron de nosotros?

Eloísa, desde Una maternidad diferente, con Que la fuerza te acompañe.

Ernesto, también desde Besos y brazos, con Consciencia en la crianza de nuestros bebés.

Y Lau, desde Tarkus Kids, con Un único consejo.





domingo, 14 de noviembre de 2010

Un único consejo - Para el carnaval de blogs



Yo sólo tengo uno: sé tú misma; sigue tu instinto. Eso es todo.



Sé tú mismo. 
Hay algo que tú puedes hacer mejor que cualquier otra persona. Escucha tu voz interior y obedecela con valentía.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Carnaval de blogs: consejos para una crianza consciente



¿Cuáles son los mejores consejos que has recibido y cuáles son los que tú darías para una crianza respetuosa?
 
Mandad vuestras respuestas a tarkuskids(arroba)gmail(punto)com antes del próximo sábado 13 de noviembre. 


martes, 26 de octubre de 2010

Carnaval de blogs: libros



Esta semana lo ponemos fácil: simplemente, tenéis que recomendar algunos libros sobre crianza y educación. No muchos, sólo los que consideréis esenciales, imprescindibles, los que os han cambiado la vida... (se me ocurre que cinco es una buena cifra).
 
Mandad los enlaces a tarkuskids(arroba)gmail(punto)com hasta el próximo domingo 31.
¡Gracias!
 
 

sábado, 23 de octubre de 2010

Chupete, ¿sí o no? - III edición del carnaval de blogs de educación consciente y crianza respetuosa



Parece ser que el asunto del chupete no motiva mucho a las madres blogueras: la participación en el carnaval de blogs ha caído en picado.
Si alguien más se anima a compartir su opinión (o si tenéis ya algún artículo publicado sobre el tema, aunque sea antiguo) no dudéis en mandármelo para que lo añada a la lista de enlaces.
Han participado éstos blogs:






¡Gracias a las tres!