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miércoles, 7 de enero de 2015

Enseñar a leer con un enfoque global


La lectura es una actividad que requiere la activación y la coordinación de distintas áreas del cerebro. La edad ideal, según el proceso de maduración cerebral, es a partir de los dos años, cuando ya se tiene un grado de mielinización que permite que se de este aprendizaje.

Tradicionalmente se ha enseñado a los niños a leer usando un método analítico que consiste en enseñar primero las letras, después las sílabas y, finalmente, combinar las letras y las sílabas para formar palabras.

El enfoque global, en cambio, hace el proceso a la inversa: comienza por enseñar palabras para después desglosarlas en letras y sílabas.

Al método tradicional se le ha criticado que parte de un abstracto (las letras) para llegar a lo concreto (las palabras) y que los niños sólo son capaces de comprender las abstracciones cuando llegan a ellas a través de lo concreto. En el caso de la lectura, se estaría intentando enseñar al niño que el símbolo "a" se corresponde con el sonido de la a, lo cual carece de sentido para un niño. El niño tiene que aprender que la letra eme se escribe "m" y, de hecho, puede aprenderlo pero ¿qué significa "m"? ¡No significa nada! 

Las letras por si solas no significan nada, son símbolos abstractos que no tienen sentido para un niño pequeño. Las palabras, en cambio, sí tienen significado. El niño puede comprender el concepto de "mamá" o de "juguete" y relacionarlo con su expresión escrita. Cuando el niño está expuesto a muchas palabras escritas y conocidas, es cuando va descubriendo que algunos patrones se repiten. Se da cuenta de que múltiples palabras empiezan con "a" y que suenan igual. Así que como descubre el patrón de la escritura.

No hay acuerdo entre los pedagogos ni entre los neurocientíficos sobre cuál es el mejor método para enseñar a leer a los niños. Probablemente dependa de varios factores, como la edad y madurez cerebral del niño, el idioma que se pretende enseñar y el estilo propio de aprendizaje de cada niño.

En Tarkus Kids recomendamos una mezcla equilibrada entre ambos métodos, siempre acompañada de lectura en voz alta y de todo tipo de juegos con las letras y las palabras.








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lunes, 8 de diciembre de 2014

5 consejos para mantener el cerebro saludable


En Tarkus Kids sabemos que el cerebro es el órgano más complejo de todo el cuerpo humano y que es de vital importancia establecer numerosas y fuertes conexiones neuronales. Por eso creemos que es importante estimular el desarrollo neuronal desde la infancia.

Hemos hecho una síntesis de los consejos que dos neurocientíficos españoles recomiendan para mantener el cerebro en buen estado. Ello son Paco Mora y Joaquin Fuster, y ambos coinciden en estos cinco puntos:

1 - Una nutrición adecuada. Mantener un equilibrio entre la ingesta de proteinas, los hidratos de carbono, las grasas, etc. La nutrición es un factor fundamental para formar los elementos constitutivos esenciales de la corteza para adquirir las funciones cognitivas. Es decir, para el desarrollo de la inteligencia. Paco Mora, además, recomienda comer menos pero mejor.

2 - Hacer ejercicio físico y mental. No es tan importante qué tipo de ejercicio se haga, sino que se haga con constancia, que no excesivo y que esté bien regulado. Debe conjugarse con con las demás funciones del niño o del adulto. A diferencia del ejercicio físico, el ejercicio mental debe hacerse a diario y sin excepciones.

3 - El ajuste emocional del individuo al grupo (los padres, el maestro, los compañeros). Las relaciones sociales son necesarias para ejercitar las funciones emocionales: requieren confianza, afiliación, y altruismo. En el caso de los adultos y personas mayores, es recomendable vivir acompañados y evitar aislarse.

4 - Un descanso suficiente y de calidad. Dormir bien es imprescindible no sólo para descansar sino también para dar al cuerpo oportunidad de reparar los tejidos dañados y de afianzar los aprendizajes adquiridos durante el día.

5 - Ser agradecido y tener una actitud positiva ante la vida contribuye a una buena salud emocional y al desarrollo de las aptitudes éticas y de nuestras relaciones con los demás.

6 - Viajar. Viajar requiere aprender y memorizar y fomenta la adquisición de nuevas percepciones. También evita la rutina y genera emociones. Y las emociones, ya lo sabemos, son la base de la memoria y, por tanto del aprendizaje.









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martes, 5 de agosto de 2014

Cómo crear un entorno educativo en casa


Yuria Prospero, del blog Amando mi casa, está publicando una serie de guest posts en su blog en los que cada día una bloguera comparte un tip sobre algún tema relacionado con la organización del hogar.

Ayer publicó mi artículo sobre cómo convertir tu casa en un entorno de aprendizaje. Son seis ideas sencillas que para mi fueron eficaces pero que pueden no adaptarse bien a tu familia. No obstante, espero que te sirvan de inspiración y puedas inventar otras formas de lograr esos entornos educativos. Para ser sincera, creo que cualquier entorno puede ser educativo, todo depende de lo que nosotros hagamos en y con él.



Aquí va mi artículo íntegro:

Las mujeres del siglo XXI somos malabaristas. Sobre todo las madres. Pretendemos ser madres, esposas, trabajadoras, amas de casa y, algunas, incluso homeschoolers. Las madres que educamos a nuestros hijos sin escuela hemos tenido que aprender no sólo a priorizar sino también a compatibilizar; a matar dos pájaros de un tiro siempre que sea posible.
Una de las herramientas más eficaces para ello es convertir toda tu vida y toda tu casa en un entorno educativo, donde el aprendizaje se desarrolle fluidamente, casi sin que una se de cuenta. La mayoría de estos tips los he aprendido de otras madres, personalmente o a través de sus blogs, y pueden servirte tanto si educas sin escuela como si escolarizas.
1.- Involucra a tus hijos en las tareas del hogar. No importa lo pequeños que sean, siempre habrá algo que puedan hacer. Si tienes un bebé, puedes usar un portabebés para que te acompañe mientras haces las tareas. Si tienes un niño pequeño puede que le guste responsabilizarse de sus propias cosas (a mi hijo, por ejemplo, desde que aprendió a caminar le gustaba tirar sus pañales a la basura después de cambiarlo). Verbaliza: desde antes de que mi hijo supiera hablar yo siempre verbalizaba todo lo que hacía. Le iba contando qué hacía, por qué lo hacía, cómo lo hacía, etc. Así, sin darse cuenta, él iba aprendiendo cómo hacer las cosas de la casa.
2.- Adapta la casa a los niños. Si quieres tener una casa limpia, ordenada y con decoraciones sólo aptas para mirar probablemente vas a fracasar. Te vas a estresar cuidando que los niños no toquen, no ensucien y no rompan las cosas. Por eso lo mejor es guardar los objetos delicados durante una casa y crear un hogar apto para niños. Pon sus cosas a su alcance para que puedan disfrutar de su creciente autonomía. ¿Tienen su propio plato y su propio vaso de material irrompible? ¡No los guardes en el armario más alto! Si los pones en un lugar al que puedan llegar fácilmente verás que se acaban responsabilizando de sacarlo y devolverlo a su sitio en cada comida.
3.- La lectura entra por la vista así que, ya que hemos decidido adaptar la casa a los niños, ¿por qué no poner etiquetas en cada objeto con su nombre correspondiente? Así les ayudamos a adquirir vocabulario y a familiarizarse con la lectoescritura. Sólo necesitas cartulinas y rotuladores y ya puedes poner carteles en la “puerta”, la “mesa”, el “techo”, etc.
4.- Aprovecha todas las superfícies para poner pósters educativos. Los niños no necesitan prestar mucha atención para captar la información que tienen al alcance de su vista así que si cubre todas las superfícies de láminas didácticas seguro que acabarán  absorbiendo esa información: en las paredes (¡sí, las del baño también), en las puertas, en las ventanas, en los espejos, en la nevera (además de láminas puedes poner imanes con forma de letras o de palabras para que jueguen con ellos).
5.- Utiliza las pizarras. Y sobre todo, deja que los niños las utilicen. En mi casa hay tres pizarras: una, en la entrada, donde escribimos la programación de todo el mes para que todos sepamos qué es lo que hay previsto y qué actividades u obligaciones tiene cada uno. Otra que solemos usar para aprender inglés, donde cada día escribo una pregunta para que mi hijo la responda. Y otra de uso libre para que haga lo que quiera con ella: escribir y dibujar cualquier cosa que le apetezca.
6.-Crea una caja de los días de lluvia. Uno de los mayores retos de las familias con niños es qué hacer en los días de lluvia. Para eso hay una herramienta estupenda que consiste enguardar en una caja diferentes materiales aptos para utilizar en los días de lluvia. Algunas de las cosas que solemos poner son éstas: una receta para hacer juntos; una película para ver; un juego de mesa; plastilina; un libro de pegatinas o de pasatiempos; un libro para leer; un puzzle; unas botas de agua y un impermeable para salir a chapotear en los charcos y, finalmente, una libreta para crear el “diario de los días de lluvia” anotando todo lo que hacemos cada vez que usamos la caja de los días de lluvia. ¡Seguro que se os ocurren más cosas que poner en esa caja!

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miércoles, 26 de junio de 2013

Cómo hacer que un niño se esté quieto en una silla, por Anca Balaj


Anca Balaj trabaja con niños en el campo de la educación no formal desde hace más de veinte años. Autora de "Cómo desarrollar la creatividad infantil" y del blog "Creatividad ¿quién dijo miedo?" (creatividad.ancabalaj.com). Puedes seguirla a través de twitter.com/aminuscula



 


Hace unos meses, en una formación para formadores, estaba dando pautas sobre cómo resolver distintas cuestiones que se pueden presentar en el trato con los niños en el aula. Eran mis mejores trucos tras décadas de trabajo con toda clase de niños, esos trucos que nadie te enseña en la Universidad. Una de las asistentes, al ver que tengo tantas respuestas, me preguntó entonces: "¿Y cómo se puede conseguir que el niño se esté quieto en la silla, sin removerse tanto mientras trabaja?" 

La respuesta a esta pregunta es la misma que a la de cómo hacer que un elefante ponga huevos: no se puede. No está en su naturaleza. La naturaleza de un niño o niña es saltar, correr, brincar, gritar, explorar, pero, desde luego, no es estarse quieto en una silla. 

Sin embargo, como entrenadora de la creatividad el "no se puede" es algo inaceptable, así que me imagino que si alguien se empeñara podría hacer que un elefante pusiera huevos tras muchos años de estudio y manipulación genética, cosas más difíciles se han conseguido. Del mismo modo, a los niños se les podría hacer estarse quietos en una silla, quizás con pastillas y drogas (tal como hacen con los niños y niñas diagnosticados con hiperactividad, por no saber estarse quietos en una silla).

La cuestión es que, se pueda o no se pueda, esto es lo que hacen los niños la mayor parte del día: de 9h a 17h en el colegio, quietecitos y calladitos en sus pupitres, luego en casa otro rato más, sentados con los deberes ("deberes", qué nombre tan feo y poco estimulante). Como poco les dan las 18.30h en una silla, algunos tardan más. Y luego quietecitos frente a la tele (o el ordenador, o lo que sea, pero ¡por favor, niño, para ya!) porque los papás y mamás están cansados.

Veámoslo de este modo: si en vez de un niño fuera un cachorro de perro o gato ¿cómo denominaríamos a quienes lo tuvieran quieto en una silla y sin rechistar durante tantas horas, cada día de su vida? ¿Se podría denunciar a esa persona? 

Pues eso es lo que estamos haciendo con nuestros propios cachorros, justo lo que nos parece cruel para cachorros de otras especies. Les negamos su naturaleza, les obligamos a contener su energía y después nos quejamos de que el niño está nervioso, de que tiene déficit de atención o de que no tiene un buen rendimiento escolar. 

En mi opinión, este es el primer punto que hay que cambiar del sistema educativo actual. Si implantamos una manera de enseñar sin obligar a los pequeños a que se estén quietos en una silla, habremos avanzado mucho. Ningún ser, humano o no humano, puede desarrollarse ni alcanzar siquiera la mitad de su potencial cuando tiene que actuar en contra de su propia naturaleza.

De todos modos, aquí va un truco. Para conseguir que un niño o una niña se esté quieto en una silla (por un tiempo muy limitado, jamás por todo un día), lo mejor es ir acorde a su naturaleza. Basta con prestarle atención, descubrir qué le apasiona a este niño en particular y proporcionarle los materiales y medios para que experimente con ellos en esta cuestión que tanto le interesa. Su inteligencia y su curiosidad harán el resto.
 

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Lee también la reseña del libro "Cómo desarrollar la creatividad infantil" de Anca Balaj

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lunes, 27 de mayo de 2013

Dislexia y tipografía



Dice Glenn Doman que si los niños no han aprendido a leer antes es porque hemos hecho la letra demasiado pequeña

Tal vez, si hay niños (y adultos) que sufren dislexia es porque las letras se parecen demasiado entre si. Por ello,  el equipo neerlandés de Studio Studio ha creado una tipografía específicamente diseñada para paliar el efecto de la dislexia.



lunes, 20 de mayo de 2013

Einstein y el genio humano




Todo el mundo es un genio. Pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar árboles, vivirá toda su vida creyendo que es estúpido.
Esto, lamentablemente, es lo que está haciendo nuestro sistema escolar: juzgar a todos los alumnos en función de las mismas habilidades, ignorando una de las grandezas de la humanidad: que todos somos diferentes, que no todos tenemos las mismas habilidades, las mismas destrezas, los mismos intereses ni, por supuesto, la misma forma ni el mismo ritmo de aprendizaje.








lunes, 29 de abril de 2013

Sobre la naturaleza y la producción del aprendizaje


Los niños saben que el aprendizaje es necesario para la supervivencia. Sin aprendizaje no hay adaptación al medio y sin adaptación al medio la vida peligraría. Si bien sabemos muy poco sobre la mente humana, sí sabemos bastante sobre el cerebro y una de las cosas que sabemos es que el proceso de aprendizaje se da en este órgano.

El principio según el cual la función determina la estructura es aplicable al cerebro humano; ello significa que éste se desarrolla por el ejercicio, mediante un proceso de retroalimentación y de selección que se da de la siguiente manera:

Las neuronas sensoriales reciben la información del exterior y la transmiten a las llamadas interneuronas mediante un proceso denominado sinapsis. Con ello, se activan las neuronas eferentes que producen una respuesta comportamental concreta. Dicha respuesta envía nuevamente información al cerebro retroalimentando el proceso. Cuando las conexiones neuronales no son intensas, se debilitan las sinapsis pudiendo llegar a provocar la muerte de las neuronas que no se usan. Por el contrario, a mayor intensidad de las conexiones sinápticas se dará la activación de los circuitos neuronales provocando el nacimiento de nuevas neuronas y el fortalecimiento de las sinapsis preexistentes. De este modo se crean múltiples redes neuronales cuyas unidades pueden formar parte de redes diversas, de modo que cada aprendizaje se conecta con muchos otros.

Este proceso de retroalimentación implica un cambio constante del cerbero en dos sentidos, físico y funcional. Como hemos visto, la función determina la estructura y, cuando se mejora una de las funciones del cerebro, se mejoran en cierto modo todas las demás, puesto que están interrelacionadas. Así, es fundamental estimular el uso del cerebro y presentar el aprendizaje como una interrelación constante de datos que pueden relacionarse entre sí.




lunes, 22 de abril de 2013

El sueño y el aprendizaje


Aunque algunas cuestiones todavía están abiertas al debate, existe consenso generalizado entre la comunidad neurocientífica respecto del efecto positivo que el sueño tiene sobre los procesos de aprendizaje y la memoria. Se han realizado diversos estudios siguiendo dos enfoques: de un lado, enfocándose en la relación entre los estadios del sueño y los tipos de memoria y aprendizaje; de otro lado, analizando los efectos que la privación del sueño de calidad tiene sobre el aprendizaje.

La memoria funciona en tres pasos, que son: la adquisición de nueva información y conocimientos, su consolidación y su recuperación. La adquisición y la recuperación se dan durante el estado de vigilia, pero la consolidación se da durante la fase del sueño, que fortalece las conexiones neuronales existentes. Durante el sueño, además, se reorganizan los aprendizajes nuevos con los anteriores, se les da una nueva valoración emocional y, al formarse nuevas conexiones, se producen aprendizajes nuevos. Podría decirse que, mientras dormimos, nuestro cerebro realiza un proceso parecido al de la desfragmentación del disco duro de un ordenador, reorganizando la información para mejorar su eficiencia.

El sueño, no obstante, debe reunir los requisitos de cantidad y calidad suficientes. De no ser así, el grado de atención durante la vigilia se verá reducido lo que conllevará, también, una reducción del aprendizaje. Por tanto, no sólo el sueño es importante para el aprendizaje sino que es indispensable.

Además, al tratarse de un proceso evolutivo, es importante tener en cuenta que el sueño de un niño pequeño no tiene las mismas fases que el de un adolescente ni que el de un adulto y que no todos dormimos igual. Éste es el error del método Ferber y similares, que merman la calidad del sueño y afectan, por tanto, no sólo al bienestar general físico y emocional sino también al desarrollo del aprendizaje y la memoria.

Disponiendo de toda la evidencia científica de la que disponemos hoy en día, padres y educadores debemos darle al sueño la importancia que tiene e instruir a los niños en este conocimiento. Sólo conociendo el funcionamiento del cerebro, los procesos de aprendizaje que se dan durante el estado de sueño y las nefastas consecuencias de su privación, los niños podrán tomar auténtica consciencia de su importancia.




lunes, 1 de abril de 2013

Vídeo: Entrevista a Ovide Decroly


En un derroche de medios sin precedentes, nos trasladamos hasta 1920 para entrevistar a Ovide Decroly, doctorado en psiquiatria, pedagogo y uno de los máximos exponentes del movimiento de la Escuela Nueva.


lunes, 25 de marzo de 2013

Ce n'est qu'un debut (Sólo es el principio)



En el año 2006, la maestra Pascaline Dogliani empezó a organizar talleres de filosofía para los alumnos de la escuela infantil donde trabajaba. “Sólo es el principio” es el resultado de un trabajo que duró tres años (entre el rodaje y el montaje) y que va mucho más allá de la mera experiencia pedagógica.

Las tareas preparatorias consistían en  sesiones de dibujo, lectura de historias, espectáculos teatrales, etc. Después, los niños y su maestra se sentaban alrededor de una vela encendida y empezaba la sesión de filosofía. Niños de 4, 5 y 6 años respondían a cuestiones trascendentales sobre la muerte, el amor, la libertad, la inteligencia, la amistad o el racismo dando su propia versión de cada concepto, tratando de encontrar ejemplos válidos y aprendiendo a razonar. En las primeras sesiones, Pascaline les guía mediante una serie de preguntas sobre cada tema. Pero a lo largo de dos años, los niños aprenden a escuchar al otro y a responderle, reconstruyendo su propio pensamiento y analizando los puntos de vista encontrados.

En estas sesiones no hay obligación de participar; no hay respuestas correctas e incorrectas, no hay evaluación, no hay premios ni castigos. No hay siquiera una duración determinada, no hay un horario que cumplir. Algunas sesiones duraron más de una hora, pero hubo otro que sólo duró diez minutos. Se agotó el tema, los niños no tenían nada que decir, de modo que se levantó la sesión. Todas las respuestas son válidas porque son sinceras. Constituyen un camino en la construcción del pensamiento racional de cada niño; aprenden a escuchar al otro pero también a si mismos, fortaleciendo así su propia autoestima. Es todo lo contrario de la escuela convencional, donde hay tantas pautas rígidas marcadas, tantos objetivos por cumplir y tantos métodos predeterminados, que no cabe la evolución personal del niño.

El documental se ha comparado con “La clase” y con “Ser y tener”, y ha sido ampliamente elogiado por su autenticidad, por ser ágil y divertido sin dejar de ser profundo y educativo. Se le ha criticado, por el contrario, que no tiene “nada que ver con la filosofía”. Probablemente el sentido de la crítica es que no tiene nada que ver con las “clases de filosofía”. Porque ¿qué es la filosofía sino el planteamiento de cuestiones fundamentales sobre la existencia humana? ¿Acaso la edad de los participantes invalida de algún modo sus respuestas y sus argumentaciones?

El proyecto de Pascaline va más allá de la escuela; no es académico y no se agota en el espacio escolar, sino que continúa en casa, con las familias y, previsiblemente, continuará a lo largo de toda la vida de sus participantes. Porque este taller “sólo es el principio”.


lunes, 18 de marzo de 2013

Mal de escuela, de Daniel Pennac



FICHA BIBLIOGRÁFICA

TÍTULO: Mal de escuela
AUTOR: Daniel Pennac
EDITORIAL: Debolsillo (año 2011)









Daniel Pennac (Casablanca, 1944), hoy profesor retirado y escritor de reconocido prestigio, fue un mal alumno. El recuerdo del dolor y el miedo que le producían la escuela fue lo que le llevó a tomar la decisión de dedicarse profesionalmente a la docencia. Consideró que el hecho de haber sido un mal alumno, un zoquete como él mismo se denomina, le ayudaría a salvar de la escuela a muchos otros zoquetes. Por eso, tras retirarse de la docencia para dedicarse profesionalmente a la escritura, publicó un libro titulado “Mal de escuela” en el que analiza las disfunciones del sistema educativo desde la perspectiva del mal alumno. Se trata de una obra muy ágil desde el punto de vista literario, que utiliza un lenguaje directo, simple y, en ocasiones, coloquial. Alterna sus propias reflexiones actuales con el relato de diversas anécdotas de su vida como alumno y de su vida como profesor.

En un interesante recurso literario, Pennac empieza por el epílogo y cuenta cómo su madre, aún a día de hoy, duda de que su hijo sea capaz de valerse por si mismo, duda que se originó en sus días de mal alumno y que perduró a lo largo de toda su vida. El relato autobiográfico del mal alumno convertido después en buen profesor sirve de hilo conductor a esta obra que realiza una detallada y acertada radiografía de la escuela como institución porque, aunque haya cosas que han cambiado con el paso de los años, lo fundamental, para bien y para mal, permanece.

Tres son los aspectos principales que se desgranan:

Uno, la responsabilidad compartida de todos los agentes implicados en la educación: los padres, los profesores, el sistema escolar, el gobierno y, también, los propios alumnos.

Dos, la inutilidad de la escuela cuando pretende acelerar los ritmos y procesos naturales de aprendizaje, cuando se aleja de la realidad cotidiana de sus alumnos y cuando profesores sin pasión ni vocación pretenden aplicar métodos sin llegar a la raíz de los mismos, vaciando de sentido al acto pedagógico.

Y tres, la doble vertiente del impacto que a corto, medio e incluso largo plazo tiene la escolarización para cada niño. De un lado, y en sentido negativo, la indefensión aprendida de aquellos que son etiquetados como zoquetes, lentos, poco inteligentes, malos alumnos en definitiva. Y de otro lado, en sentido positivo, el llamado efecto Pigmalión que permite no sólo el éxito perdurable de los buenos alumnos sino también, y sobre todo, la recuperación y la salvación de los malos alumnos, como fue el caso del propio autor.

Este tercer aspecto es el que a continuación se analiza.

Desde que nace un niño se tienen expectativas sobre su vida en función de la familia y la sociedad en la que ha nacido. Es lo que Daniel Pennac llama “la rutina del Darwinismo social” (p.23). En ocasiones, el niño incumple las expectativas sobre él depositadas y entonces se le marca, se le etiqueta. Hoy en día tenemos infinidad de diagnósticos psicológicos que cumplen esta función; antes, simplemente, eran llamados zoquetes o malos alumnos.

El mal alumno, por definición, no encaja en el sistema y, por ello, se convierte en un estratega. Ya en la década de los años 50, el profesor John Caldwell Holt se preguntó qué es lo que sucede en la escuela que hace que un niño que en otras circunstancias es observador, imaginativo y analítico, se convierta de repente, como por arte de magia, en un completo inútil. La respuesta la da Holt y la confirma Pennac: lo que sucede en las escuelas no es lo que los profesores creen que sucede. El mal alumno siente miedo y al miedo le suceden las ganas de huir. Mientras, el profesor no se da cuenta de que el mal alumno, completamente bloqueado y paralizado, se dedica a desarrollar estrategias para salir del paso, para pasar desapercibido, para dar con la respuesta correcta y que le dejen en paz. “Devanarme los sesos para elegir lo que realmente le gustaría a aquel cabrón” (Pennac, p.33).

Sin embargo, de vez en cuando aparece un profesor que consigue restablecer, al menos en parte, la confianza en sí mismo del mal alumno. A veces esto sucede sin que medie intencionalidad por parte del profesor pero, sabiendo que es posible, ¿no están todos los profesores moralmente obligados a intentar ser los salvadores de sus malos alumnos? ¿No es ése el objetivo de la docencia?

Los profesores que me salvaron no estaban formados para hacerlo” (Pennac, p.34). Es probable que hoy en día padezcamos de un exceso de formación y de una preocupante carencia de vocación, pues a medida que la formación avanza en cantidad, también avanza el fracaso escolar. Nos falta darle un enfoque holístico a la escolarización: “Reducidos a nosotros mismos, nos reducimos a nada” (Pennac, p.61). Nos falta mejorar y reforzar la comunicación y ello pasa, entre otras cosas, por recuperar la vocación no sólo por la docencia sino, especialmente, por la materia objeto de enseñanza. De los tres profesores que finalmente le salvaron, Pennac dice: “Eran artistas en la transmisión de su materia. Sus clases eran actos de comunicación, claro está, pero de un saber dominado hasta el punto de pasar casi por creación espontánea”.

Cabe destacar el enfoque positivo de la crítica que Pennac realiza al sistema escolar. La crítica siempre es fundada, otorga a cada uno de los agentes implicados su justa dosis de responsabilidad y, sobre todo, destaca los aspectos positivos de la escolarización, aquellos que él mismo fue incapaz de ver durante sus años de instrucción obligatoria. Únicamente un profesor fue su tabla de salvación: “Basta un profesor -¡uno solo!- para salvarnos de nosotros mismos y hacernos olvidar a todos los demás”, afirma en la última parte del libro. Y esa salvación consiste en la cooperación necesaria en el diseño de la identidad personal del alumno que, al fin y al cabo, es el objetivo de toda educación.

lunes, 11 de marzo de 2013

Vídeo: Born to learn (nacidos para aprender)



Este vídeo está en inglés, pero lo comparto porque está muy bien hecho (aunque es una pena que tengamos que hacer este tipo de vídeos para explicar obviedades que nunca debimos olvidar).





jueves, 25 de febrero de 2010

Entrevista a Roger Shank



Vengo siguiendo a Roger Shank desde que leí el más conocido de sus artículos, "Salirse de la fila". Habla con claridad contundente, lleno de sentido común.

Roger Schank es un experto en Inteligencia Artificial que investigaba cómo educar a los ordenadores y acabó descubriendo que a los humanos nos educan mal. Schank fue profesor de Ciencias de la Computación yu Psicología en la universidad de Yale y, posteriormente, director del Proyecto de Inteligencia Artificial de la misma institutión. En 1989 fue contratado por la universidad de Northwestern para crear el Instituto de Ciencias de la Educación. Ha sido también profesor en Standford y Carnegie Mellon, pero ha tenido que esperar hasta los 64 años para que una institución académica le permitiese poner en práctica sus teorías: la Escuela de Negocios de La Salle presenta en marzo una serie de másters en Internet basados en la revolucionaria visión educativa de Schank.

Pregunta. ¿Qué piensa del actual sistema de enseñanza virtual, el e-learning?
Respuesta. Es la misma basura, pero en un sitio diferente. Las escuelas cogen las nuevas tecnologías y las arruinan. Por ejemplo, cuando salió la televisión todas pusieron una en cada aula, pero la usaban para hacer exactamente lo mismo que antes. Igual ahora con los ordenadores: ¡Oh, sí, tenemos e-learning! ¿Y qué significa? Pues que dan el mismo curso terrible, pero en línea, usando los ordenadores de forma estúpida.
P. En su página web leo: "Sólo hay dos cosas que están mal en el sistema educativo: qué enseñamos y cómo lo enseñamos". ¿Qué deberíamos enseñar?


Seguir leyendo en El País.com

sábado, 17 de mayo de 2008

Aprendiendo de los cuentos de hadas


Traducción del artículo Learning from fairy tales, publicado bajo el pseudónimo de progressiveteacher81
(Las negritas, cursivas y enlaces son míos)


[Nota del editor: Progressiveteacher81 es el pseudónimo de un maestro de segundo año de la escuela elemental en Manhattan.]

El día de la vuelta al cole después de las vacaciones de Navidad, me preguntaba qué tarea les pondría a mis alumnos de Primero y Segundo y me decidí, dos minutos antes de llegar, por los cuentos de hadas. Algunos niños parecían particularmente interesados en estas historias y toda la clase tuvo que trabajar en el debate y la narración del argumento. El éxito fue inmediato. Los estudiantes adoraban explorar las historias. Yo me divertí leyéndolas. Además, los estudiantes empezaron a comprender la difícil tarea de resumir y rápidamente comenzaron a escribir sus propios cuentos.

El proyecto pronto se convirtió en algo mucho más profundo. La profesora de arte y yo habíamos estado buscando algo en lo que colaborar e, inmediatamente, ella sugirió que hiciéramos
títeres. Elegimos cinco historias con cuatro personajes para que cada grupo de trabajo hiciera las marionetas y escribiera una historia para representarla con ellas.

Para sumergir a los chicos en las historias, empecé a leer una versión tras otra de cada cuento. Decidimos empezar con las tradicionales y, cuando fuera posible, encontrar una adaptación moderna y cambiada. Hablamos de los
adjetivos: el "lobo grande y malo" contra los "cerditos pequeños". Los niños consideraron el hecho de que todo lo "grande" fuera malo o lo "pequeño" fuera bueno.

Hablamos de la
localización. ¿Dónde ubicarías un Cuento de Hadas de nueva York? "En un callejón", dijo un niño. "Ésos son los sitios que dan más miedo". Consideramos las perspectivas: leyendo los cuentos desde el punto de vista del lobo, discutiendo sobre si uno podría éticamente comerse al Hombrecito de Pan de Jengibre. Nos dimos cuenta de que, a menudo, los personajes buenos son un poco necios. ¿Por qué ibas a construir una casa de paja pudiendo construirla de ladrillo? Cuanto más leíamos, más nos dábamos cuenta de que los personajes femeninos adultos eran, casi siempre, perversos. Bella señaló "no estoy muy segura acerca de eso, pero me he dado cuenta de algo gracioso. Las mujeres normalmente son avaras. No es justo. Yo soy una chica, y están todas las chicas de la clase. No somos perversas y no seremos avaras de mayores."

Entonces empecé con los
cuentos de otras culturas. Inmediatamente, los niños captaron los sutiles mensajes, más positivos y generosos de las historias del Nativo Americano Trickster de Gerald McDermott. Entonces, después de haber leído el cuento occidental, "El Pez Mágico", en el que la esposa del pescador pide más y más hasta que lo pierde todo, los niños se rebelaron. "No debió haber sido tan tacaña, pero no debió haberlo perdido todo", dijo Ellie. "No es justo que la castiguen así".

"
¿Qué os está intentando enseñar este cuento?", pregunté a la clase. "A no ser avaricioso", contestaron. "¿Funciona?", pregunté. "No", aseguró Elias, "te dice todo lo que no deberías hacer y terminas la historia pensando en lo que no deberías hacer en vez de pensar en lo que sí deberías. Así es más probable que hagas lo incorrecto". Es más, en general coincidieron en que te deja un mal sentimiento, de enojo.

En cambio, a la clase le encantó el "Peach Boy" de Gail Sakurai, una adaptación del cuento japonés que enseña generosidad a través del
ejemplo positivo. De inmediato conectaron los dos cuentos. "Es que en Peach Boy aprendes a ser bueno y generoso porque él lo es", nos compartió Shana. "Y es por eso", anuncié triunfalmente, "que cuando establecemos las normas al comienzo del año, os las hago enunciar en positivo y procuro enfocarme en lo que deberíais hacer -ser amables, caminar por los pasillos, estar en silencio para que vuestros compañeros puedan leer". He estado diciendo esto todo el año pero, finalmente, asintieron mostrando comprensión.

Después de esto, aunque todavía disfrutaba leyendo y escuchando cuentos occidentales, la clase era cada vez más crítica con su naturaleza punitiva y violenta.
Reescribieron los cuentos de hadas una y otra vez en clase - a menudo cambiando sustancialmente el mensaje. En la versión de Elías de "How Fishman got the Sun", dos personajes que siempre peleaban deciden, al final, trabajar juntos. Los Tres Cerditos de Leora discutieron con el lobo sobre si en realidad deberían pelear o no.

Ahora, tres meses después, los títeres están casi terminados, a falta de los últimos retoques - una gorra de béisbol para uno de los cerditos, una boca para Ricitos de Oro. Los guiones han sido escritos y llevados a casa con instrucciones de leerlos alto y claro. La fecha para la representación ya está decidida y las invitaciones enviadas.

Pero el trabajo de los niños va más allá de un espectáculo de marionetas. Han tenido la oportunidad de aprender y reescribir poderosas historias occidentales europeas:
la herencia de la cultura en la que vivimos. Han creado sus propias versiones: añadiendo señores avaros, mejores roles femeninos y, a menudo, finales alternativos - Caperucita Roja termina más como nuestros días lectivos, con los personajes principales sentándose a merendar. Es más, los niños parecen haber interiorizado algún sentimiento de que ninguna de estas historias tiene el tipo de verdad definitiva que yo dí por hecho cuando era pequeño. Como los niños concluyeron su versión de Caperucita Roja: "Fin. No. No el fin del mundo. Sólo el fin de esta historia". Han reivindicado su derecho de revisión.