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sábado, 9 de enero de 2016

Método Doman y unschooling: ¿son compatibles?



* Este artículo fue publicado primero en mi blog personal www.lauramascaro.com


Cuando comento que he utilizado el Método Doman con Damián (desde los dos años) y que lo vuelvo a utilizar ahora con Víctor, que tiene 3 meses y medio, la reacción más habitual es preguntar con extrañeza: “Pero ¿no erais unschoolers?” Como si el Método Doman fuera incompatible con ser unschooler, cosa que a menudo también me preguntan directamente.

He estado posponiendo la respuesta porque quería explicarme bien. Hay mucho malentendido sobre lo que es el unschooling y mucho malentendido sobre lo que es el Método Doman. Malentendido y prejuicio. Así que si los juntamos a los dos, el malentendido puede ser épico. Por eso quería explicarme bien. Y como la exposición es más bien larga, dejo primero la versión corta por si no os interesa leer la explicación completa:

El Método Doman coincide en bastantes puntos con el unschooling. Por ejemplo, en su regla de oro: “si usted o si hijo no se están divirtiendo ¡déjelo!”. Sin entrar a explicar cómo funciona este método y cuál es la filosofía en la que se fundamenta, sólo atendiendo a su regla de oro ya podríamos afirmar que es perfectamente compatible con el unschooling. El objetivo es pasar un buen rato, divertirse en compañía de los hijos. Que, además, aprendan a leer y adquieran vocabulario no es más que un magnífico efecto secundario. Así es también en el unschooling, pues el unschooling tiene más que ver con las relaciones entre padres e hijos (y entre hermanos entre si) que con la enseñanza o la consecución de determinados objetivos de aprendizaje. 
Ahora bien, si alguna autoridad mundial en unschooling viniera y me dijera: “El Método Doman es incompatible con el unschooling” gustosamente le daría mi carnet de unschooler para que lo destruyera, pues cuando tomo una decisión respecto de mis hijos no me guío por la circunstancia de que encaje o no encaje en determinada etiqueta.


Hasta aquí la versión abreviada. Ahora, para los interesados, la explicación completa:

Conocí el método Doman cuando mi hijo Damián tenía 2 años. En ese momento no éramos unschoolers. No éramos homeschoolers, tampoco. Damián había entrado a la guardería a los 11 meses de edad y allí seguía por el momento. La idea de que los niños pequeños podían aprender a leer sin dificultad me fascinó. La idea de que el proceso podía ser divertido para toda la familia, también. Pensé que no teníamos nada que perder. Aprender a leer es importante, desde mi punto de vista, y sé que para muchos niños supone un auténtico calvario. Tampoco teníamos nada que perder, así que decidí probarlo, sabiendo que si no nos gustaba lo íbamos a dejar y que no pasaba nada por ello.

Resultó que los ratos de “jugar a leer” eran de lo más divertido. Sólo ver la cara de Damián y sus muestras de alegría ya me convencieron para seguir adelante con el programa, independientemente de que diera resultados o no. Hicimos le programa de lectura, el de conocimientos enciclopédicos y parte de los de básica y excelencia física. Lo fuimos dejando a medida que Damián crecía y, sobre todo, cuando comenzó a ser un lector autónomo y esta maravillosa herramienta le daba acceso a cualquier contenido que le interesara.

Después llegó el “radical unschooling” y comencé a decir que, si tenía otro hijo, no sabía si repetiría con este método o no. También es cierto que no creía que fuera a tener más hijos, pero entonces llegó Víctor y no tuve ninguna duda. Ya desde el embarazo supe que lo iba a hacer. No tenía claro que fuese a usar el programa del recién nacido, pero sí los demás. Así que en el segundo mes de vida del niño preparé los materiales de matemáticas y lectura, lo expliqué en el videoblog y algunas personas descubrieron que tengo otro blog en el que hablo de estimulación temprana, aprendizaje infantil y crianza desde el año 2008.

Y volvió la pregunta de marras: ¿cómo puedes usar este método y decir que eres unschooler? Bien, yo no soy quién para conceder o denegarle títulos a nadie y cada vez me importa menos saber si encajamos o no encajamos en el concepto de “unschooler” o en cualquier otro. Pero como veo que es una cuestión que se me plantea repetidamente, voy a tratar de aclarar por qué pienso que sí son compatibles:

En una entrevista concedida a la revista Mothering en 1980, John Holt, quien no es para nada sospechoso de defender técnicas escolares ni mucho menos la institución escolar, dijo lo siguiente cuando le preguntaron cuál era su filosofía sobre la enseñanza de la lectura:

“Creo que enseñar a leer es en gran medida lo que impide el aprendizaje. Diferentes niños tienen diferentes formas de aprender. Creo que leer en voz alta es divertido, pero nunca le leería a un niño en voz alta con la intención de que el niño aprendiera a leer. Se les lee en voz alta porque es divertido y es agradable estar en compañía. Coges a un niño, lo sientas a tu lado o en tu regazo, y le lees una historia que os entretiene. Y si no es una experiencia acogedora, alegre, cálida, amable y amorosa, entonces no deberías hacerlo. No va a hacer ningún bien.”

Es exactamente lo mismo que dice Glenn Doman cuando establece la regla de oro de su método: “La regla principal es que tanto el padre o la madre como el hijo deben abordar gozosamente el aprendizaje como el juego maravilloso que es. Si usted no lo está pasando de maravilla o si su hijo no lo está pasando de maravilla, ¡déjenlo!

Si el unschooling aboga por establecer relaciones sanas, equilibradas y de confianza con los hijos, y Doman nos propone una actividad que será divertida, placentera y que contribuirá a fortalecer el vínculo paterno-filial, no veo en qué modo son incompatibles. Es más, si profundizamos algo más en las tesis de Holt y en las de Doman, veremos que siguen coincidiendo en muchos puntos. Holt, de nuevo en Mothering, dice:

Creo que a los niños les atrae el mundo adulto. Está bien tener libros infantiles, pero la mayoría de ellos tienen demasiada imagen. Cuando los niños ven libros, como los ven en las familias en las que los adultos leen, con páginas y más páginas de letra impresa, les resulta bastante evidente que si quieren descubrir de qué van los libros tendrán que leer esa letra.

Es exactamente el motivo por el que Doman sugiere enseñar a los niños bits de palabras escritas mucho antes de enseñarles imágenes y mucho antes de enseñarles el abecedario.


Una de las primeras sesiones de lectura
con el Método Doman.
Víctor tenía 3,5 meses de edad


Coinciden también en que el aprendizaje debe ser divertido y útil, que la motivación ha de ser intrínseca y que el mayor enemigo del aprendizaje es la evaluación. “Nunca examine a su hijo” es otra de las reglas de oro del Método Doman. Para ambos, el objetivo es que el aprendizaje resulte fácil y gozoso. Para ambos, leer es importante porque abre muchas puertas, facilita la adquisición e vocabulario y ayuda a aprender a pensar. En su artículo “Cómo los profesores logran que los niños odien la lectura”, John Holt cuenta cómo comenzó a replantearse la forma en que la lectura se enseña en las escuelas y cómo cambió su metodología con excelentes resultados. Se dio cuenta de que la mayoría de los niños veían la escuela como un lugar peligroso; de que el sentimiento predominante eran el miedo y la vergüenza; de que el objetivo primordial para muchos niños era pasar desapercibido, lograr que les dejaran en paz, que el profesor no se fijaba en ellos y, en caso de que se fijara, tratar de no cometer ningún error para no ser humillados con una reprimenda, una corrección en público, las burlas de los otros niños y, peor aún, una triste sonrisa condescendiente.

En poco tiempo los niños comienzan a asociar los libros y la lectura con los errores, reales o temidos, con los castigos y la humillación. Puede que no parezca razonable, pero es natural. Mark Twain dijo que el gato que se ha sentado sobre una estufa caliente no volverá a sentarse sobre una otra vez, pero tampoco se sentará en una estufa fría. Tan cierto es para los gatos como para los niños.

Y si podemos evitarles esa humillación y esa tortura, si podemos evitarles dificultades futuras y el terrible infortunio de sufrir ante la lectura ¿por qué motivo no habríamos de hacerlo? Si hay una actividad que resulta placentera, que fortalece el vínculo madre-hijo y que no tiene ni un sólo inconveniente pero sí martilles ventajas ¿vamos a descartarla sólo porque tal vez -insisto, tal vez- no encaja en una etiqueta que nos hemos -o nos han- adjudicado?



Si quieres ver cómo usamos el Método Doman con nuestro hijo Víctor desde los 3,5 meses, suscríbete a mi canal de youtube (clic aquí)





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miércoles, 13 de mayo de 2015

Cómo fomentar la inteligencia lingüística en tu bebé


La inteligencia lingüística consiste en la capacidad de comunicarse mediante el lenguaje hablado y escrito. Hay muchas cosas que podemos hacer en el día a día para ayudar a nuestros hijos a desarrollarla:

1) Háblale mucho. Háblale aunque pienses que no puede entenderte. Cuéntale lo que haces, lo que ves, lo que piensas y lo que sientes.

2) Llama a las cosas por su nombre. No utilices un lenguaje infantil con el niño. No digas "baba" si puedes decir "agua", no digas "guau guau" si puedes decir "perro", etc. Conocí a una mujer que llamaba "cristalitos" a todo lo que era susceptible de romperse en pedazos. Unos años después tuvo que explicarle a su hija que no todo lo que se rompe es de cristal. Su hija no podía comprender cómo su madre la había engañado durante toda su vida. Porque para la niña eso había sido un engaño.

Imagen: https://www.etsy.com/listing/58924651/complete-alphabet-a-z-vintage-blocks
3) Pon voces cuando le cuentes historias o le leas en voz alta, le ayudarás a captar mejor los matices y las emociones.

4) Sigue las palabras con el dedo cuando le leas en voz alta. Poco a poco irá descubriendo que hay una relación entre esos símbolos escritos y lo que tú dices.

5) Haz juegos de palabras, como nombrar cosas que empiecen por la misma letra (y si están a la vista, mejor para empezar), hacer rimas sencillas, etc.

6) Pon letras y palabras a su alcance. Vivimos en una sociedad altamente alfabetizada en la que es imposible no estar en contacto con la palabra escrita, pero podemos ir un paso más allá y poner las letras al alcance del niño: letras imantadas en la nevera, letras grandes de madera para jugar con ellas, carteles con los nombres de las cosas sobre cada objeto de la casa, etc. Y, por supuesto, empieza por su nombre. Probablemente será la primera apalabra que será capaz de reconocer.


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miércoles, 4 de febrero de 2015

Aprende a leer con Kumon lectura




La semana pasada participé en un encuentro de mamás blogueras organizado por Kumon España en el que nos presentaron su programa de lectura, que ya tiene bastantes años en japonés e inglés pero es bastante nuevo en español.

Participaron:


Todas contamos cómo habíamos aprendido a leer y cómo aprendían nuestros hijos. Coincidimos en que las dos claves son: el juego (que el aprendizaje sea divertido) y la conexión con la realidad (porque si el niño no ve una utilidad práctica a lo que está estudiando, su motivación va a ser baja).

Igual que el método Kumon de matemáticas, Kumon lectura es un método de aprendizaje individualizado que pretende dotar a los alumnos de herramientas, capacidades y habilidades para desempeñarse en la vida. Se fomenta el autodidactismo, la concentración, el hábito de estudio y la automotivación para aprender.

El programa de lectura utiliza un enfoque global y se centra en la comprensión lectora, no en la gramática. Se empieza trabajando con palabras y oraciones simples repitiendo, recitando y leyendo con el apoyo de ilustraciones. Finaliza con la lectura crítica de textos más complejos.

Todos los centros Kumon de España ofrecen 15 días de prueba en septiembre/octubre y en enero/febrero. Encuentra tu centro en http://www.kumon.es/



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miércoles, 14 de enero de 2015

Pre-aprendizaje de la escritura


Aprender a escribir -a  mano- requiere un grado de motricidad fina del que los niños pequeños carecen. Ahora bien, existen varias cosas que podemos hacer para que comiencen a familiarizarse con la escritura, especialmente si se trata de niños a los que estamos enseñando a leer. Como siempre, estas actividades deben plantearse como un juego y no forzar al niño a realizarlas si no se siente con ánimo de hacerlo


  • Construir palabras con letras grandes de madera recortadas, en cubos o letras imantadas. El niño irá comprobando que las mismas letras, combinadas adecuadamente, pueden formar palabras distintas e incluso palabras sin sentido.
  • Repasar letras grandes. Muy grandes, en realidad. Cuanto más grandes, mejor. Se puede empezar escribiendo una palabra en el suelo con tiza -o sobre la tierra o arena- y caminando sobre ella formando cada letra con nuestro movimiento. A medida que vayamos haciendo la letra cada vez más pequeña, el niño puede repasarla por encima con otro lápiz, tiza o rotulador o con el dedo.
  • Cuando el desarrollo de la motricidad fina se lo permita, deja que el niño escriba sobre diferentes superficies y con diferentes materiales.









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martes, 21 de octubre de 2014

Enseñar a leer a un niño de dos años [Método Doman]


Hace algún tiempo me llego este mensaje de una lectora:

Hola Lau. 
La verdad es que no sé por dónde empezar. Hace un mes me propuse enseñarle a leer a mi hijo, que acaba de cumplir dos años. Se me ocurrió poner en google enseñar a leer, y a partir de ahí, todo ha sido un torrente de información. Todo me señalaba hacia el libro de Glenn Doman “como enseñar a leer a su bebé” y eso hice, lo compré y lo leí el fin de semana. Me quedé alucinada, con muchas dudas pero alucinada. Seguí indagando un poco más en internet y apareció tu blog y el artículo Método Doman: como empezar. Muy interesante. 
Estoy elaborando los bits pero no sé cuantos hacer ya que mi niño ya tiene dos años y como he leído, quizás sea mejor pasar al grupo de las dos palabras un poco antes. Por otra parte he leído en otras páginas que es mejor empezar la primera semana con un grupo de cinco palabras en tres sesiones y progresivamente incluir nuevos grupos de cinco. 
En fin, te agradecería una “luz” a esta labor que quiero iniciar junto con mi niño.
Muchísimas gracias de antemano.

Aunque el método Doman puede utilizarse ya con bebés, nunca es tarde para empezar y, de hecho, se puede usar a cualquier edad con algunas variaciones. Si tu hijo ya tiene 2 años (como tenía el mío cuando empezamos) los ritmos serán algo diferentes y el listado inicial de palabras, también. Lo mejor es empezar, igual que a edades más tempranas, con 200 bits de palabras sueltas. Puede que no se lleguen a ver todas porque el niño de dos años lo captará con mayor rapidez, pero esos bits siempre te pueden servir para la segunda fase (parejas de palabras) y para hacer juegos. Esas 200 palabras tienen que ser lo más personalizadas que puedas; aparte de las más típicas, como "papá", "mamá" o "pelota" hay que incluir otras con las que él se pueda sentir identificado, como su nombre, los nombres de sus mejores amigos, de su mascota y de sus juguetes favoritos.

En cuanto al número de palabras y de sesiones por día, hay que tener cuidado pues es mucho más fácil que el niño pierda interés porque vamos demasiado despacio que porque vayamos demasiado rápido. Si le enseñas las mismas 5 palabras, tres veces al día, durante una semana, lo más probable es que al tercer día ya lo hayas perdido.

El primer día hay que enseñar 5 palabras, tres veces (cambiando el orden en cada sesión). (Total: 5 palabras)

El segundo día hay que enseñar las 5 palabras del primer día y 5 palabras nuevas. (Total: 10 palabras)

El tercer día hay que enseñar las 10 primeras palabras y 5 palabras nuevas. (Total: 15 palabras)

El cuarto día hay que enseñar las 15 primeras palabras y 5 palabras nuevas. (Total: 20 palabras)

El quinto día hay que enseñar las 20 primeras palabras y 5 palabras nuevas. (Total: 25 palabras)

A partir del sexto día hay que retirar 5 palabras y añadir 5 nuevas, de modo que siempre estemos enseñando 25 palabras diarias y que cada palabra sea vista 3 veces diarias durante cinco veces (es decir, un total de 15 veces por palabra).



Si tú también quieres enseñar a leer a tu bebé, empieza por aquí:

Compra los libros de Glenn Doman

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viernes, 27 de junio de 2014

5 formas divertidas de practicar la lectoescritura



Algunas cosas se aprenden por medio de la práctica y es necesaria la repetición. Esto puede resultar muy aburrido para los niños, sobre todo si no conseguimos hacerles ver la necesidad y la utilidad de dicha práctica. Los clásicos cuadernillos de lectoescritura no tienen ningún atractivo para los niños, porque son repetitivos, aburridos y muchas veces de un nivel claramente inferior respecto de los conocimientos reales del niño. Normalmente cuando el niño aprende a escribir ya tiene un vocabulario bastante elevado, así que ponerse a repetir frases como "mi mamá me mima" no es algo muy motivador.



Aquí tenéis cinco formas divertidas de practicar la lectoescritura:

1) Dejar notas a otros miembros de la familia. Una de las mayores motivaciones de aprender a leer y a escribir correctamente es poderse comunicar, por eso recomiendo escribir notas para los padres o los hermanos. Pueden dejarse en el frigorífico, en el buzón, escondidas en la cama o en cualquier otro sitio que se os ocurra.

2) Hacer listas. Los niños pueden ayudar a escribir la lista de la compra, o pueden hacer la lista de los invitados a su fiesta de cumpleaños, o de las películas que quieren ver, o de las cosas que les gustaría hacer, etc.

3) Sopas de letras, autodefinidos y otros juegos de palabras. Se pueden hacer sobre el papel pero es mucho más divertido si tienes una pizarra grande, de tiza o de rotulador. Se pueden resolver juegos que ha preparado otra persona o podéis inventar vuestros propios juegos.

4) Escribir para una audiencia real. Desmotiva mucho escribir sólo para practicar o sólo para que lo evalúe el profesor. En cambio, si eres consciente de que escribes para una audiencia real aumentas tu compromiso contigo mismo de hacerlo correctamente. Hoy en día es muy fácil escribir para una audiencia real con internet. ¡Crea un blog para tu hijo!

5) Mensajes secretos. Hay varias formas de hacer tinta invisible sobre papel. Una es com zumo de limón: para leerlo sólo tienes que calentarlo un poco. Otra es con una vela blanca: para leerlo sólo tienes que echarle cacao en polvo por encima para que quede pegado. ¿Conocéis otras formas de hacer tinta invisible?

Si habéis usado otros métodos divertidos para practicar la lectoescritura podéis compartirlos en los comentarios del blog o de las redes sociales. ¡Gracias!



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