Leemos en voz alta a nuestros hijos prácticamente desde que nacen. Lo hacemos por múltiples razones pero, quizás la más trivial, es que cuando tienes un bebé resulta difícil encontrar tiempo para leer. Para una misma quiero decir. Pero como el bebé, de momento, se conforma con estar en nuestros brazos y escuchar nuestra voz, el qué le leamos resulta irrelevante para él. De momento no tiene preferencias, no va a decirnos que este libro no le gusta y prefiere aquél otro, así que podemos aprovechar para elegir libros a nuestro gusto.
Éstos son algunos de los que le hemos leído/ estamos leyendo a Víctor:
Alicia en el País de las Maravillas. Un clásico que, debo reconocer, nunca me gustó de pequeña. En cambio ahora lo he disfrutado muchísimo, he descubierto no sólo una historia entretenida sino un mundo cargado de simbolismos.
Juan Salvador Gaviota. Otro clásico. ¿Quién no se ha emocionado con los vuelos de Juan Salvador? Este me gustó la primera vez que lo leí y me gusta un poquito más en cada relectura. Imprescindible.
El Principito. Otro clásico que no necesita presentación.
Gramática de la Fantasía. Este lo releo de vez en cuando porque siempre me da ideas para mis talleres de fomento de la inteligencia lingüística.
Porque favorece el desarrollo sensorial y sienta las bases para el aprendizaje de la comunicación al exponer al bebé a los sonidos, las palabras, la entonación y, más adelante, también a las imágenes y a la palabra escrita. Uno podría pensar que no tiene sentido leerle a un bebé de sólo dos meses porque éste no va a entender nada de la historia. Pero no se trata de comprender la historia. Se trata de introducirle en el aprendizaje del lenguaje y de pasar juntos un rato agradable pues, aunque no entienda lo que oye, sí es fácilmente reconocible si se encuentra a gusto o no.
Leer en voz alta a un bebé es una primera aproximación a la lectura. Si se acostumbra a compartir este rato con nosotros a medida que vaya creciendo y desarrollando habilidades comenzará a interactuar. Por ejemplo, cogiendo el libro, señalando las imágenes, tratando de pasar la página y, un día, intentando leer por si mismo.
Pero además -o sobre todo- fortalece el vínculo afectivo. Así que os animo a leer en voz alta a vuestros bebés porque nunca es demasiado pronto para empezar. De hecho, nosotros empezamos ¡durante el embarazo!
Este mes estamos leyendo Cuentos por teléfono, de Gianni Rodari. En este vídeo leo el cuento "Brif, braf, bruf":
La inteligencia lingüística consiste en la capacidad de comunicarse mediante el lenguaje hablado y escrito. Hay muchas cosas que podemos hacer en el día a día para ayudar a nuestros hijos a desarrollarla:
1) Háblale mucho. Háblale aunque pienses que no puede entenderte. Cuéntale lo que haces, lo que ves, lo que piensas y lo que sientes.
2) Llama a las cosas por su nombre. No utilices un lenguaje infantil con el niño. No digas "baba" si puedes decir "agua", no digas "guau guau" si puedes decir "perro", etc. Conocí a una mujer que llamaba "cristalitos" a todo lo que era susceptible de romperse en pedazos. Unos años después tuvo que explicarle a su hija que no todo lo que se rompe es de cristal. Su hija no podía comprender cómo su madre la había engañado durante toda su vida. Porque para la niña eso había sido un engaño.
3) Pon voces cuando le cuentes historias o le leas en voz alta, le ayudarás a captar mejor los matices y las emociones.
4) Sigue las palabras con el dedo cuando le leas en voz alta. Poco a poco irá descubriendo que hay una relación entre esos símbolos escritos y lo que tú dices.
5) Haz juegos de palabras, como nombrar cosas que empiecen por la misma letra (y si están a la vista, mejor para empezar), hacer rimas sencillas, etc.
6) Pon letras y palabras a su alcance. Vivimos en una sociedad altamente alfabetizada en la que es imposible no estar en contacto con la palabra escrita, pero podemos ir un paso más allá y poner las letras al alcance del niño: letras imantadas en la nevera, letras grandes de madera para jugar con ellas, carteles con los nombres de las cosas sobre cada objeto de la casa, etc. Y, por supuesto, empieza por su nombre. Probablemente será la primera apalabra que será capaz de reconocer.
El cerebro es uno de los órganos más complejos y más importantes del cuerpo humano. Sabemos que, cuanto más joven es la persona, mayor plasticidad tiene el cerebro. Eso significa que es capaz de adaptarse y regenerarse en función de los estímulos que reciba. Con la estimulación adecuada, el cerebro del niño es capaz de crear una gran cantidad de nuevas sinapsis (conexiones entre neuronas) y de fortalecer las que ya existen. No olvidemos que el cerebro funciona como una red y es importante hacerla crecer y fortalecerla igual que hacemos con el resto del cuerpo. Si cuidamos nuestra alimentación y hacemos ejercicio físico para mantener el cuerpo en buen estado de salud, ¿por qué no habríamos de hacer lo mismo por el cerebro?Y si así lo hacemos, ¿por qué no empezar desde que nuestros hijos nacen?
Estimular la inteligencia de los niños es muy sencillo; no requiere conocimientos específicos ni comprar ningún tipo de producto. Éstas son 7 cosas que puedas hacer desde hoy mismo:
1-Háblale todo el tiempo. Aunque tu hijo sea un bebé y no sea capaz de comunicarse verbalmente, háblale. Cuéntale qué estás haciendo, qué piensas, qué sientes, etc. Fortalecerás tu vínculo con él sólo por permitirle escuchar tu voz pero, además, le facilitarás la adquisición del vocabulario cuando sea el momento.
2-Cuéntalo todo. Su primer acercamiento a las matemáticas puede ser éste: que te escuche y te vea contando todo lo que esté a tu alcance. Los peldaños de la escalera cuando subes o bajas, los dedos de sus manos, las cucharadas que come o los muñecos que tiene, por ejemplo.
3-Pasea por distintos lugares. Si para los adultos es muy recomendable viajar, el equivalente para un bebé puede ser simplemente estar en distintos lugares y estar en movimiento. Salir a la calle, entrar en un mercado (lleno de colores, olores y sonidos), ir a la playa o a la montaña, entrar a una iglesia.
4-Permítele explorar el entorno. Deja que toque cosas, que se las lleve a la boca (siempre cuidando su seguridad, obviamente), que se mueva libremente desde que sea capaz de desplazarse por si mismo arrastrándose o gateando. El único límite debe ser su propia seguridad.
5-Fomenta la actividad física. Glenn Doman solía decir que cualquier programa de inteligencia debe complementarse con un programa físico. Como estamos estimulando la inteligencia de nuestro hijo, debemos también prestar atención a su actividad física. Comenzando por darle masajes desde el nacimiento y permitiéndole (y animándole) después a correr, saltar, braquear, nadar, etc.
6-Léele en voz alta. Ésta es una de las herramientas más potentes para multiplicar la inteligencia de los niños. Más sobre el tema en nuestro blog.
7-Cántale. Por lo mismo que es importante verbalizar nuestros pensamientos y que le niño oiga nuestra voz, hacerlo cantando es muy efectivo también para modular sus emociones. Podemos transmitirle serenidad, tranquilidad y alegría con nuestros cantos.
Uno de los posts más leídos de este blog es el de Leer en voz alta (clic aquí). A raíz de los mails recibidos al respecto, me di cuenta de que se me olvidó mencionar un detalle importante acerca de la actitud de los niños cuando les lees en voz alta.
Cuando le lees un libro a un niño pequeño, es muy probable que éste parezca no atender: que no mire el libro, que no te mire a ti, que parezca no escuchar, incluso que se aleje y se ponga a jugar con otra cosa. Pero eso no significa que no esté prestando atención a la lectura.
Con niños algo mayores, que hablan y razonan, suele ocurrir que interrumpen constantemente haciendo preguntas o comentarios que, a veces, no tienen nada que ver con lo que se está leyendo. En general, la reacción de los adultos es distinta según el tema con el que el niño interrumpa: un comentario acerca de lo que se le está leyendo parece importunar menos al adulto que un comentario sobre cualquier otro tema. En estas ocasiones debemos tener muy claro que debemos respetar el proceso interno del niño, que está teniendo lugar a nivel intelectual pero también emocional.
Leerle a un niño en voz alta es, o debería ser, un placer; pero no por el mero hecho de la lectura, ni del libro en cuestión, ni de lo que el niño potencialmente aprenderá a lo largo de esa sesión.
Lo prioritario no es la lectura en si misma, sino el momento compartido con los hijos.
“La actividad más importante para construir el conocimiento necesario para que los niños aprendan a leer con éxito, es leerles en voz alta.”
Comisión Nacional de Lectura de U.S.A.
De la misma manera que hablamos a los niños desde nacen aún sabiendo que intelectualmente no tienen capacidad para entender todo lo que decimos -pero sí emocionalmente- también leerles en voz alta es una actividad altamente recomendable y gratificante.
Desde que nacen podemos leerles no sólo cuentos infantiles sino todo tipo de buena literatura. Cuanto más pequeños sean, más fácil nos resultará escoger lecturas que nos gusten: el bebé no se quejará. Después, a partir de los 2-3 años, comienzan a manifestar su personalidad, imponiendo sus gustos e intereses y, por tanto, deberemos escoger libros que les motiven a ellos.
Leerles en voz alta les ayuda a desarrollar la y la concentración; les ayuda a adquirir un vocabulario
amplio que les facilitará el aprendizaje de la lectura independiente y del lenguaje en general: estructuras gramaticales, estilos lingüísticos, etc. Además, aprenden una gran variedad de cosas sobre el mundo que los rodea y captan ideas y conceptos que les harán pensar por si mismos. Esto, en niños mayores, estimula la capacidad de razonar y la expresión oral. A partir de lo que les leemos, surgirán debates, dudas y preguntas de todo tipo, de manera que adquirirán la habilidad de formular y expresar sus pensamientos. el hecho de oír (y, sobretodo, de escuchar) lo que les leemos sin ver los dibujos correspondientes es un gran estímulo para el desarrollo de la imaginación y la creatividad. En su mente, pondrán imagen y color a lo que oyen y, quizás, cambiarán el final o incluso el argumento, inventando de este modo sus primeras creaciones propias.
A los niños les encantan las historias, y las novelas de Rudyard Kipling o Stevenson no les gustarán menos que los cuentos de Teo, porque no tienen edad. ¿A quién no le gusta el Libro de la Selva o La Isla del Tesoro?
Es importante preparar la lectura con antelación; que el adulto lea el libro por si mismo antes de leérselo al niño, para asegurarse de que el contenido es adecuado. Después, cuando leamos, la proximidad física es esencial: sentarnos cerca y, si es posible, con el niño en nuestro regazo, para que pueda ver y tocar el libro cuando lo desee. Cuando su motricidad fina se lo permite, les encanta ayudarnos a pasar las páginas.
Finalmente, durante la lectura debemos ser muy expresivos, hacer gestos faciales, mover las manos y, sobretodo, no descuidar la entonación de nuestra voz, haciendo cambios de registro para facilitar la identificación de cada personaje.
Estas sesiones de lectura compartida han de ser, sobretodo, divertidas. Einstein decía que dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás, sino que es la única manera. Por tanto, cuando el adulto se lo pasa bien, el mensaje que recibe el niño es que leer es divertido.
Aquí tenemos algunas razones académicas adaptadas de un email de Mr. Van Oostrum del Pestalozzi Trust:
• Les enseña a prestar atención y desarrollar la concentración.
• Desarrolla la percepción auditiva: oír lo que se dice.
• Construye su vocabulario, lo que les ayuda cuando empiezan a leer por si mismos.
• Desarrolla su gramática, ya que oyen estructuras familiares además de algunos estilos lingüísticos diferentes.
• Les da ideas sobre las que pensar. ¡Las ideas son el alimento de la mente!
Charlotte Mason dice: "...los niños no tienen un apetito natural para las trivialidades, y una literatura especial para niños es probablemente muchísimo menos necesaria de lo que los libreros quisieran hacernos creer... Lo que ellos quieren es que se les ponga en contacto con el pensamiento vivo de los mejores, su vida intelectual se nutre de ello sin interferencias de nuestra parte.”
• Debido a todo lo dicho, se desarrolla el poder de su cerebro.
• "Desarrolla su imaginación. La imaginación es la habilidad de producir muchas situaciones a partir de unos hechos determinados. Eso es la creatividad. La creatividad es la base de la solución eficaz de problemas. La solución eficaz de problemas es necesaria para la iniciativa empresarial y cualquier otro empeño que no pueda ser (fácilmente) informatizado."
Charlotte Mason de nuevo: "El peculiar valor de la geografía yace en su adaptabilidad para nutrir la mente con ideas, y de proveer de imágenes a la imaginación…. Pero déjale estar en casa en una sola región –viendo a la gente trabajar, las flores y las frutas en sus estaciones, los animales en sus hábitats…déjale seguir las aventuras de un viajero.”
• Junto con la narración, enseña la aptitud de diferenciar las ideas significativas en contenido de las menos importantes y de ordenar las ideas importantes en un orden lógico.
• La lectura y la narración, por tanto, enseñan la habilidad de formular y expresar sus pensamientos acerca de esas ideas.
¿Qué dice Charlotte Mason sobre la narración?
“Pero alguien que pruebe este método consigo mismo encontrará que en el acto de la narración cada poder de su mente entra en juego.”
Aquí están las razones no oficiales por las que deberías leer en voz alta a tus hijos:
• Puedes abrazarles mientras aprendeis.
• Leer es una forma de enseñar no de confrontación.
• Los niños adoran las historias.
• Leer a los niños en voz alta es el primer paso para construir tradiciones familiares.
• Que les leas en voz alta les permite aprender de una forma divertida.
• Los motiva a convertirse en lectores de por vida y, por tanto, a aprender durante toda su vida.
• Leer a los niños en voz alta te permite cubrir, sin mucho esfuerzo, áreas de estudio que quizás no son tu fuerte."